CODIGO DE HERMANAS

Publicado por: Guillermo Gallego

Personajes

MABEL

SUSY

La sala de un living comedor de una familia de clase media. El ambiente puede verse un tanto recargado de cuadros y objetos antiguos pero que lucen limpios y con brillo. Entre los adornos viejos pueden verse algunos objetos más modernos como una radio, un revistero, un perchero etc.

A un lado de la escena hay una mesa con sillas, y al lado contrario un sillón antiguo junto a una mesita en la que hay una lámpara y un portarretrato con una foto vieja de los padres de Mabel y de Susy.

Mabel es quien vive en la casa. Su aspecto es el de una mujer pulcra pero su forma de vestir es de muy mal gusto y anticuada. Su postura es la de una mujer que ha pasado su vida fregando, limpiando pisos y lavando ropa a mano. Su voz suena siempre triste durante todo el primer acto.

Susy es la hermana de Mabel que está en la casa desde hace solo 5 días, a raíz del fallecimiento de su madre. Su aspecto es vivaz, alegre, bien vestida, con buen gusto pero sin lujos. Tiene al moverse una elegancia exagerada. Su voz suena siempre fuerte y segura, cada palabra que sale de su boca suena clara de principio a fin.

La luminosidad de la escena durante el primer acto es triste y hasta lúgubre.

PRIMER ACTO

Mabel está limpiando un mueble, mientras que Susy está sentada en el sillón escuchando música y viendo fotos viejas que saca de una caja.

MABEL: Podés bajar un poco el volumen?

SUSY: Está bien. (Baja el volumen) Tanto te molesta?

MABEL: Si. Aunque sea por de respeto, nada más.

PAUSA

SUSY: Ya pasaron cinco días.

MABEL: No se trata de “cuantos días pasaron”, sino de cuanto dolor se siente.

PAUSA

SUSY: Cuando vas a parar de limpiar?

MABEL: No sé.

SUSY: Desde que te levantaste no has hecho otra cosa que limpiar y limpiar. Cómo si estuviera todo sucio. (Pausa) Limpias lo que ya está limpio…, una y otra vez.

MABEL: Y bueno… a mí me gusta que mi casa esté limpia. Me molesta que las cosas tengan polvillo.

SUSY: Polvillo? De qué hablás? Si en esta casa todo brilla! Te has pasado la vida dándole brillo a todas las antigüedades que hay acá!

MABEL: Si eso te molesta, podés irte tranquila. Bastante bien me las he arreglado sola hasta ahora.

SUSY: Quedate tranquila que no pienso quedarme. No es mi estilo vivir rodeada de porquerías viejas.

MABEL: Estas porquerías eran de tu madre, por si no lo sabías. Ella adoraba cada una de las cosas de esta casa.

SUSY: Incluida vos, no?

MABEL: Por supuesto. Soy su hija, o era… (Larga pausa)

(Sacando copas del aparador) Mirá estas copas, no son divinas? Ella las cuidaba tanto… se las había traído el tío Eduardo de su viaje a España. (Pausa, Mabel sigue limpiando) Y este cuadro… fijate lo que es este cuadro… una belleza. Este sí lo compró ella en Buenos Aires, la única vez que fue, y porque la acompaño papá. A ella no le gustaba la ciudad, decía que era un horror viajar en colectivos y trenes. Pobre mamá.

SUSY: Bueno, pero mamá ya no está, Mabel.

MABEL: Siempre va a estar en esta casa. En cada rincón la veo a ella. Como cuidaba sus cosas… por eso ahora tengo que cuidarlas yo… hacer que siempre estén en su lugar y limpitas como a ella le gustaba.

SUSY: Vos no deberías seguir con la vida que has hecho hasta ahora.

MABEL: Qué querés decir?

SUSY: Eso, que deberías cambiar un poco tu vida. Empezando por la forma de vestirte, y disfrutando un poco de las cosas que nunca hiciste.

MABEL: Pero… vos te pensás que porque mamá haya muerto hace cinco días, yo voy a cambiar mi forma de vivir? Crees que voy a olvidar en cinco días todas las cosas por las que pasamos juntas? Claro, para vos será muy fácil olvidarla, si en veinte años habrás venido a verla diez veces! No querida, mi vida está acá adentro, entre todas estas “porquerías”, no como vos que te la pasaste en la calle.

SUSY: Ya te salió la víbora de adentro! No podemos tener dos palabras que siempre me vas a reprochar todo lo que hice con mi vida, como si fuese la peor basura.

MABEL: Sabés bien que tanto para mí como para mamá, lo que hiciste fue de una bajeza imperdonable.

SUSY: Si tan solo hubieras vivido un poco tu vida, no pensarías igual. Pero claro, acá encerrada, no se aprende mucho.

MABEL: Perdón, no me dí cuenta de todo lo que has aprendido. Es más, ni siquiera me enteré de que te habían dado el diploma. Bueno… tampoco sabía que a las putas les daban diplomas.

SUSY: (Se levanta muy herida) Pero, vos que te pensás? Que mierda crees que ha sido de mi vida durante estos años? Te parece que yo no me sacrifiqué para tener lo poco que tengo. Acaso nunca se te cruzó por esa cabeza de “pobre niña” que tenés, que yo he sufrido tanto o más que vos? (Se va alterando cada vez más) Te pensás que mi vida ha sido “la diversión”! Querida hermana, tendrías que haber salido un poco más a la calle para darte cuenta un poquito de lo que yo he pasado.

MABEL: Si fuera tan así, hubieras vuelto a tu casa, con tus padres. No digo conmigo, porque yo no te necesité. Pero tus padres sí.

SUSY: Y a vos te parece que yo no necesité de ellos?

MABEL: Y entonces? Porqué no se te ocurrió venir a su casa más seguido aunque sea a visitarlos.

SUSY: Acaso pensás que me olvidé de aquel día que vine con una torta en la mano porque era el cumpleaños de papá, (Toma con bronca un plato del aparador) y mi adorada mamá, agarró la torta y me la tiró delante de mis pies? (Suelta el plato que se rompe delante suyo) Crees que yo puedo olvidarme de eso?

MABEL: (Contiene su dolor como si nada le afectara y levanta los trozos del plato) Es que mamá nunca entendió tu manera de vivir.

SUSY: Pues tampoco se interesó demasiado. Ni se preocupó por saber si yo estaba bien o me estaba muriendo.

MABEL: (Un tanto alterada) Nosotros fuimos una familia humilde, pero tuvimos principios y valores, que a vos no te importaron… te cagaste en ellos… o no?

SUSY: Pero de qué valores me hablás, Mabel? Yo también tengo mis principios y mis valores. O acaso crees que “todo lo que hice”, lo hice por placer? No, mi vida, lágrimas de sangre se me cayeron más de una vez. (Cómo si estuviera pensando en un rincón) Noches enteras llorando por no ver a mi madre y a mi padre. Sabés las almohadas que mojé extrañándote? Recordando los momentos de nuestra niñez. Cuanto hubiera dado por volver a ser niña y que toda mi vida cambiara, así, por arte de magia, volver a ser niña. (Comienza a recordar con alegría. Acercándose a Mabel) Te acordás cuando nos disfrazábamos? Yo te ponía la ropa de papá! (Va corriendo a la habitación.)

MABEL: Susana! Qué hacés? Adónde vas? (Grita con bronca) Yo no quiero recordar mi infancia.

SUSY: (De interiores) Ya te dije que me digas Susy.

MABEL: Es que no me acostumbro. (Asomándose a interiores) Pero… qué estás haciendo?

SUSY: Esperá…

MABEL: (Intuye lo que su hermana va a hacer, pero no puede simular su nerviosismo y confusión) Por favor no me desordenes la ropa, por favor te lo pido. Tengo todo lo que era de mamá y de papá bien ordenadito.

SUSY: (Entrando. Trae un pantalón, camisa, corbata y saco de su padre) Quedate tranquila. Después todo vuelve a su lugar. Yo te ayudo a ordenar.

MABEL: (Adivinándole la intención) No, Susana, no. Por favor… no hagas eso. Yo ya te lo dije varias veces, me duele mucho recordar mi infancia.

SUSY: (Ignorando su pedido) Veni. Ahora somos niñas otra vez. (Poniendolé el pantalón por debajo de la pollera) Dale, ayudame.

MABEL: (Se niega, pero a la vez el juego le gusta) No Susana. Que hacés. Esto está mal. Es la ropa de papá.

SUSY: (Sacándole la pollera) Si, es la ropa de papá, Mabelita. Mirá que lindo te queda el pantalón. (Ve que el pantalón se le cae y corre a interior) Esperá, Esperá.

(Mientras, Mabel da unos giros disfrutando del juego)

SUSY: (Entrando con un cinto que le coloca rápidamente) Ahora, sí. (Toma la camisa y se la va a poner) Me encanta esto de ser niñas de nuevo.

MABEL: Què loca estás, Susanita!

(Susy termina de ponerle la camisa y le coloca el saco)

SUSY: Si, estoy muy loca. Y quiero estar más loca todavía. Quiero ser niña!

MABEL: (Reparando que a la vestimenta le falta el sombrero que usaba su padre) Te falta algo.

SUSY: Sabés que sí. Algo falta pero no sé que es. (Mabel señala su cabeza) Noo, no me digas que todavía lo tenés?

MABEL: Por supuesto que sí. En el lugar de siempre y en la caja de siempre.

SUSY: (Corriendo hacia interiores) Sos única Mabelita, sos única! Solo vos podés ser tan genial.

MABEL: (Con algo de sorna) Viste que de algo sirve guardar las “antigüedades”?

SUSY: (Entrando rápido con el sombrero y se lo coloca a Mabel) Ahí está. Perfecta. Cómo hace cuarenta años.

MABEL: Y vos?

SUSY: Vos esperáme acá, que yo enseguida me produzco y vuelvo. (Mutis a interiores)

MABEL: No me desordenes demasiado. Lo tengo todo acomodadito.

SUSY: Tranquila. Después ordenamos.

Al quedar sola, Mabel se mira, da unos pasos, gira, y sonríe como si de pronto hubiese regresado a su infancia. Imita a su padre al caminar, en gestos y ademanes al hablar pero en silencio como pretendiendo que Susy no la escuche.

SUSY: (De interiores) Ya casi estoy, eh!

MABEL: (Sobresaltada como si la hubiesen descubierto en su juego) Eh? Si… si… te espero. (Continúa con su representación)

SUSY: (Entrando. Se ha puesto un vestido de su madre, y se ha recogido el pelo.) Ahora sí. Que tal? No estoy igual.

MABEL: Con unos años más, pero casi igual que hace cuarenta años.

SUSY: (Adoptando una posición de juego infantil) Buenos días, señor! Qué necesita?

MABEL: (Impostando la voz) Bueno mire, ando buscando algo lindo para mi novia porque hoy es su cumpleaños. Qué me puede ofrecer?

SUSY: (Buscando a su alrededor) Bueno mire: (Le ofrece un plato) tengo este hermoso plato, que es italiano.

MABEL: No, señora, como le voy a llevar un plato!

SUSY: (Dándole otro) Bueno llévele dos.

MABEL: Pero, señora, es el cumpleaños de mi novia! Deme algo más lindo.

SUSY: Ah, espere un momentito.(Susy corre a interiores)

MABEL: Pero, señora! Adónde va?

SUSY: (Vuelve con una de sus bombachas, mostrándola que es muy pequeñita) Acá tiene, con esto va a quedar bárbaro con su novia.

MABEL: (Sorprendida. Mira la bombacha sin tocarla) Qué es esto?

SUSY: Una bombachita que le va a encantar. Y además, con esta bombachita usted se va a poner como loco. Le gusta?

MABEL: (Saliendo del personaje de su padre) Vos te ponés esto?

SUSY: Claro. Es divina!

MABEL: Y entrás ahí?

SUSY: Pero claro, querida. Se usan así… los hombres se enloquecen con esto.

MABEL: Pero no te tapa nada…?

SUSY: Es que no tiene que tapar nada. Simplemente figurar que está ahí… como para dar un toquecito de color, entendés?

MABEL: (Volviendo al personaje de su padre y tratando de cambiar el tema) Bueno, bueno… pero no me gusta… muéstreme otra cosa por favor.

SUSY: Está bien señor no se ponga nervioso! Déjeme que le busque algo mejor!

MABEL: Bueno, apúrese que no tengo todo el día.

SUSY: Si, si, ya sé, un momentito. (Mostrándole un jarrón de cerámica) Ya está! Aquí tiene un precioso jarrón de porcelana alemana. Es un poco caro pero va a quedar muy bien con su novia.

MABEL: Está bien. Cuánto vale?

SUSY: Doscientos pesos.

MABEL: (Finge sacar plata de su bolsillo) Bueno, acá tiene.

SUSY: Muchas gracias. (Le entrega el jarrón) Tome su jarrón.

MABEL: Gracias, hasta luego.

SUSY: (Entusiasmada con el juego) Hagamos de mamá y papá.

MABEL: (Que poco a poco se ha ido entusiasmando también) Dale. Te acordás que siempre bailábamos el vals que le gustaba a papá?

SUSY: Claro que me acuerdo. (Con melancolía) Como olvidarme?

MABEL: Cuántos recuerdos lindos!

SUSY: (Se para frente a su hermana) Señor Calzada, vamos a bailar?

MABEL: Con mucho gusto, señora mía.

(Mabel toma a Susy de la cintura y comienzan a bailar a ritmo de vals, mientras Mabel tararea unas estrofas del vals Manos Adoradas. De pronto Susy entusiasmada se hace cargo y comienza a cantar)

SUSY:

Las manos que trajeron la lámpara a mi cama,

tapándome la espalda en el invierno cruel.

Que cuando estuve triste mis lágrimas secaron,

que cuando estuve enferma, acariciaronmé.

(Mabel ha sentido el golpe emocional y suelta a su hermana, conmovida sigue observando a Susy que baila y sigue cantando con más fuerza aún.)

¡Oh, manos adoradas! ¡Oh, manos llenas de alma!

En ellas yo quisiera mi frente refugiar,

y tristemente digo: ¡qué lejos que se encuentran,

qué lejos de mi angustia y de mi soledad!

MABEL: (Sacándose la ropa con furia, menos el sombrero) Basta, esto no tiene sentido. Para qué sufrir? Para que revolver el pasado? si sólo mierda se me viene a la cabeza. Basura, todo basura.

SUSY: Qué decís? Estás loca?

MABEL: Eso. Que no sirve volver atrás cuando nada se puede cambiar.

SUSY: Yo no pretendo cambiar nada. Solo quiero recordar las cosas que vivimos juntas.

MABEL: Susana, algunas cosas las vivimos juntas. Pero otras, solo yo las viví.

SUSY: No empieces otra vez, Mabel. Toda tu vida te has encargado de hacerme ver lo mucho que te has ocupado de nuestros padres. Sé muy bien que entregaste tu vida para que mamá y papá no estuvieran solos. Pero no es mi culpa. No quieras hacerme cargo de tu vida. Vos seguiste los pasos de mamá que vivió toda su vida a los pies de un hombre. Vos decidiste que toda tu vida transcurriese dentro de estas cuatro paredes. Yo pensé diferente, nada más que eso. Pensé distinto a vos. Para mí la vida era y es otra cosa. Yo quise vivir y disfrutar de lo que hago. Y no te confundas, mi elección también tuvo su precio, pero lo pagué con alegría, porque la vida es eso: cada momento de felicidad tenemos que pagarlo, aunque a veces el precio sea demasiado alto. (Pausa. Se acerca a Mabel y la acaricia) No estás sola y no voy a irme de acá. Quiero quedarme con vos. Que empecemos una vida nueva juntas. Sin rencores, sin tristezas, sin prejuicios.

MABEL: Yo no puedo… no puedo empezar de nuevo. Mi vida se acabó. Se fue con ellos. Mamá era todo lo que tenía. Ahora estoy muy sola.

SUSY: No es así. Me tenés a mí. No serías capaz de hacer algo por mi? No te atreverías a desprenderte de los recuerdos, y encarar nuevos sueños, nuevas aventuras?

MABEL: No sé. Es difícil para mí. Hoy de golpe me encuentro tan vacía. Esta casa… ya no hay nadie más.

SUSY: Mirame, mirame a los ojos. (Mabel la mira con timidez y tristeza) Tenés o no tenés ganas de vivir? Acaso no tenés suficiente coraje como para luchar por vos tan solo una vez en tu vida? Tuviste unos ovarios bien grandes para sostener a mamá y a papá hasta su muerte, y ahora que es momento de luchar por vos, te vas a dejar morir igual que ellos?

MABEL: (Mira a Susy un instante y luego la abraza) Gracias hermanita.

SUSY: No quiero que me des las gracias, solo pretendo que hagas algo por vos aunque sea una vez en tu vida.

MABEL: Me vas a ayudar?

SUSY: Claro, para eso somos hermanas.

MABEL: No va a ser fácil.

SUSY: Nunca es fácil.

MABEL: (Reponiéndose) Andá a sacarte ese vestido.

SUSY: Si. (Recoge la ropa desparramada en el piso y sale hacia interiores.)

Mabel queda sola y tras una pausa se incorpora, se saca el sombrero y como si hubiera en ella una bronca contenida lo arroja contra el piso y lo pisa con fuerza al tiempo que se produce el apagón)

 

SEGUNDO ACTO

La decoración es la misma que la del primer acto, con algunos cambios en los cuadros y adornos que marcan la influencia que ha tenido Susy, en la decoración del ambiente. En la mesa hay ahora un mantel blanco con un centro de mesa de llamativos colores. Han pasado cinco días.

Mabel tiene un notorio cambio en su vestido, se nota que su hermana ha logrado modernizarla. Se nota mucho nerviosismo en ella. Ambas están terminando de acomodar algunos detalles como esperando la llegada de alguien importante.

MABEL: Solo a vos se te puede ocurrir.

SUSY: Es la mejor manera. Porque así, una se asegura de no estar con cualquiera.

MABEL: Si… pero acá en casa. En la casa de nuestros padres.

SUSY: Dijimos “cambiar de vida”, y eso haremos, cambiar en todo sentido.

MABEL: Pero a mi me tiembla hasta la pera, nena… no sé por donde voy a empezar…

SUSY: (Con gracia) Y… empezá por el cuello

MABEL: Reíte vos… para vos es algo natural porque aprendiste de joven. Pero yo… a mi edad. Que papelón voy a pasar! No se si me voy a animar a decirle una palabra…

SUSY: Bueno, tampoco hace falta que hables tanto. En este oficio cuando menos hables, mejor.

MABEL: Y como empiezo?

SUSY: Empezá por tratarlo bien, cariñosamente, y como si lo conocieras de toda la vida. Tenés que hacerlo sentir como si estuviera en su casa.

MABEL: Dios mío. Yo me muero. Se me doblan las rodillas.

SUSY: No es para tanto. Ya vas a ver. Una vez que empiecen a conversar todo fluye.

MABEL: De donde fluye?

SUSY: Eh…? de adentro, nena. Hay cosas que salen solas. Por propio deseo del cuerpo. Es el cuerpo el que te pide acción. Es la sangre que corre por dentro que se empieza a calentar, bueno… a levantar temperatura, digamos.

MABEL: Todo muy lindo. Pero… si no me gusta? Y si es un viejo verde… que se le caen las babas. Y si es un mugriento que tiene todo sucio! Qué hago?!

SUSY: Pero no, olvidate. Con el precio que le pasé seguro es un tipo que está muy bien. Que es limpio, educado… eso si… son los que más exigen.

MABEL: (Asustada) Qué?! Y qué hago? Te olvidás que sólo una vez en mi vida estuve con un hombre. Y encima hacía un año que éramos novios. (Añorando) Roberto… sabés como lo extrañé cuando se fue a Uruguay… ese sí que era un chico lindo con todas las letras, y además atento, delicado… pero no lo ví nunca más.

SUSY: Si, me acuerdo de Roberto. Qué simpático que era. Divino. Qué ganas le tenía yo… pero era tu novio.

MABEL: Crees que no me daba cuenta que te gustaba. Lo mirabas como para comértelo.

SUSY: Es que era un bizcochito! Tan dulce! Unas manos tan suaves.

MABEL: Que?! Le tocaste las manos alguna vez?

SUSY: Noo, las manos jamás.

MABEL: Y qué le tocaste…?

SUSY: Nada, nena. Qué te pensás? Además yo era muy chica en esa época. Todavía no sabía de algunas cosas.

MABEL: Andá, yo creo que ya en la cuna te gustaban los hombres.

SUSY: Por suerte sí. Siempre me gustaron los hombres. Nunca las mujeres.

MABEL: Menos mal, porque sino…

SUSY: Lo que pasa que Roberto era especial. Será porque fue el primer hombre que entró a casa sin ser de la familia.

MABEL: Te acordás? A papá no le gustaba ni medio…

SUSY: No, no le gustaba para nada. En realidad a papá no le caía bien ningún chico que nos gustara.

MABEL: Bueno, a vos te gustaban muchos. Ya de chiquita tenías locura por los chicos.

SUSY: Y si. Pero el tiempo pasa y una cambia también, eh!

MABEL: Ya no te gustan?

SUSY: Si, pero, la juventud es otra cosa. Una ve las cosas diferentes y se toma la vida de otra manera. Después con los años todo es distinto.

MABEL: Es verdad. Qué hora es?

SUSY: Van a ser las diez.

MABEL: Ay, Diosito, va a llegar. Qué hago.

SUSY: Nada, que vas a hacer? Esperar que llegue.

MABEL: Te vas a quedar conmigo, no?

SUSY: Estas loca! Querés que el tipo se asuste y se vaya disparando.

MABEL: Y bueno, pero… por ahí si alguna cosita no me sale, vos me ayudás. (Ríen )

SUSY: No seas tonta. Sé natural, dejá que los placeres salgan solos. Dejá que tu cuerpo se ponga en clima como te expliqué, y lo demás viene solo. Ya vas a ver.

MABEL: Si, si. Como era? (Cierra los ojos y sacude los brazos) Concentración, relajación, (se acaricia los brazos) sus caricias son tiernas… (Se asusta) Ay, Susana… y si no me acaricia… si quiere ir directamente a los bollos… o a la olla, o al hoyo, bah! Dios! Esto no es para mí!

SUSY: Mabi… acordate que sos Mabi, eh?

MABEL: Si, si, Mabi, Mabi, Mabi, mabien que no me toque mucho!!! A ver… repasemos un poco.

SUSY: Otra vez?!

MABEL: Bueno, nena, estoy re nerviosa. Que querés? Jamás en mi vida hice algo parecido, y ahora de repente a mi vejez…

SUSY: No sos vieja.

MABEL: Claro soy una nena! Bueno, dale… entrá…

SUSY: (Se para en la puerta y simula ser el hombre que llega) Hola soy… Rubén..

MABEL: Ahora sos Rubén…? Todas las veces me cambiás el nombre…

SUSY: Pero che… eso no es importante… quién sabe como se llama? Además, a quién le importa.

MABEL: A mi me importa… Yo quiero saber con quién voy a salir…

SUSY: Si no vas a salir a ningún lado… Ojito con irte de acá… todo se hace en casa…

MABEL: Ay, si, (Como si mirara al cielo) Perdón mamita… sé que me vas a perdonar… y si no me perdonás, ya sabés que no fue idea mía…

SUSY: (Imitando) Claro, la atorranta soy yo mami… a ella perdonala, es una santa.

MABEL: Hasta hoy, si, mamita. Mañana ya no sé que será de mi.

SUSY: Nada va a ser de vos. Vas a ser la misma Mabel Calzada.

MABEL: Con un pecado.

SUSY: No es un pecado. Es un cambio de vida, un cambio de actitud.

MABEL: Acordate que es la primera y la última vez que lo hago, eh! Y solo para darte el gusto.

SUSY: Ya lo sé. Será la primera y la última vez que lo hacés… por plata. Pero el cambio será muy grande en vos. Tu actitud frente a la vida será distinta.

MABEL: Ya lo creo…

SUSY: Si, ya vas a ver, tendrás otra visión de las pequeñas cosas.

MABEL: Bueno, dale, sos Rubén.

SUSY: Ah, si. Soy Rubén y busco a la señorita Mabi.

MABEL: (Muy timidamente) Eh, si, ahora la llamo…

SUSY: A quién vas a llamar?!

MABEL: Eh, a… ah, no. Soy yo señor Rubén. Como le va?

SUSY: Muy bien, muy bien.

MABEL: Si… que necesita?

SUSY: Bueno, yo vengo a disfrutar de lo que usted me ofreció.

MABEL: Eh, y de qué cosa?

SUSY: De todo, absolutamente de todo?

MABEL: De… todo… todo… todo…?

SUSY: Si, si. Y estoy muy ansioso.

MABEL: Y encima se te ocurrió ofrecerle todo… todo… completo.

SUSY: Seguro… se cobra más y se aprende mejor.

MABEL: “Se aprende mejor”, ni que hubieras ido a una escuela de arte sexual.

SUSY: Es lo mismo. Es más, te diría que no existe escuela en la que se aprenda más que andando la calle.

MABEL: A vos la calle te ha enseñado mucho. Eso es cierto.

SUSY: Por supuesto que sí. Y muy orgullosa estoy…

MABEL: (Tomándola de las manos) Yo también estoy muy orgullosa de vos, Susy. Quiero que sepas que siempre te extrañé muchísimo. Para mí siempre fuiste el verdadero ejemplo de la mujer fuerte, luchadora, emprendedora, pero a la vez eras la niña dulce, sincera, cariñosa. Y te extrañé mucho. Siempre que estabas por venir a casa rezaba para que no te fueras nunca, a pesar de nuestras diferencias. Creo que mamá y yo, te extrañamos siempre, pero a mi me faltaste mucho más. Hoy siento que me encerré en esta casa porque no te tenía para hacerle frente a la vida, a las aventuras, a los sueños. Y si hoy me atrevo a hacer todo esto, toda esta locura, porque para mí no deja de ser una locura, es porque ya no quiero perderte. Es porque siento haberte recuperado después de tantos años. (Se abrazan. Suena el timbre de calle. Ambas se desesperan)

SUSY: Ahí está!

MABEL: Ay, no, no puede ser! Ya está acá… que hago?

SUSY: Atendelo.

MABEL: Atendelo vos.

SUSY: No, yo me voy adentro.

MABEL: No, no, no me dejes sola. Por favor.

SUSY: (Le toma las manos.) Mabi, este es tu momento. Este es un instante solo para vos. Olvidate de mí, de mamá, de papá, y de ese hombre que está esperando que le abras la puerta. Solo importas vos, esa mujer que está dentro tuyo con ganas de salir y hacer frente a todo. Cuando abras esa puerta todo habrá cambiado para vos. Yo, solo esperaré en mi cuarto durmiendo y tratando de soñar nuestro día de mañana. Y entonces sí, la vida será distinta para las dos, y buscaremos nuestra felicidad juntas.

(La besa y se va a interiores. Mabel queda sola. Suena el timbre nuevamente. Da un grito y va a atender)

MABEL: Si!!

APAGON FINAL

 Este texto está registrado en ARGENTORES, por lo que se recomienda solicitar el debido permiso para su puesta en escena

Guillermo Gallego

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Publicado por: Guillermo Gallego

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