Obras de Teatro Infantiles

El país de los sueños

(Una habitación. Una abuela sentada sobre una alfombra. Por el suelo hay cojines, telas de colores, juguetes, pelotas de todos los colores, libros, periódicos, maletas.  )

ABUELA. El país de los Sueños. El mundo de los niños. ¿Por qué será que los adultos cuando crecen nunca quieren volver a ser niños? ¿En qué momento los adultos pierden las ganas de soñar y de jugar?

Los adultos no entienden a los niños porque los niños viven en el país de los Sueños. Mi abuela me enseñó a no dejar de ser nunca una niña.

Cuando era pequeña nos metíamos en esta habitación. Y me decía:

“Vamos pequeña, ¿quieres venir conmigo al país de los Sueños?”

Y aquí en este espacio, pasábamos horas y horas. Contando, cantando, riendo, soñando.

Nos sentábamos en esta alfombra, nos disfrazábamos con sombreros, bufandas y guantes y así, empezaba nuestra  aventura.

“Atención, atención, la alfombra mágica va a levantar el vuelo, preparados para el despegue.” -decía mi abuela. Y allí me veía yo, volando por encima de París, sobrevolando la Torre Eiffel, planeando por encima del Sena. (La abuela dando vueltas, haciendo como que vuela.) 

Próximo aterrizaje, la India. Y con toda la suavidad la alfombra, aterrizaba.

Y allí en la India me convertía en una encantadora de serpientes. Les tocaba la flauta y todas me miraban fijamente porque yo las tenía hipnotizadas con el  dulce sonido de mi instrumento. Y bailaban hacia arriba y hacia abajo. Y seguía caminando y caminando hasta que llegaba a un bosque, sola, de noche y no me  daba nada de miedo. Observaba a un búho, con sus ojos grandes, circulares, fijos y quietos, posado en una rama y a una gran serpiente arrastrarse despacio. Y en mitad del bosque podía bañarme en las aguas cristalinas de un gran lago a luz de la luna.

Y un pez saltaba y me daba las buenas noches. “Buenas noches Señor pez.” Le respondía.

Mi abuela era actriz y recorrió muchos lugares de este maravilloso planeta azul con su compañía de teatro.

Y cuando venía a casa nos metíamos en esta habitación y me contaba historias increíbles.

Un día me contó que había actuado  con su compañía de teatro en una isla que sólo vivían cincuenta personas. Me dijo que era de los sitios más fantásticos que se pueden visitar.

Todas las casas estaban  en las copas de los árboles y las escaleras de acceso rodeaban todo el tronco. De la barandilla colgaban hiedras doradas en forma de elipses. Tenían frutas de sabores que ella nunca había probado, sabores dulces como la miel. Por la noche, cada calle se iluminaba de un color distinto, una rosa, otra de color azul, ocre…

Y loros, la isla estaba llena de loros. En cada entrada y salida de la calle se hallaba un loro posado sobre un atril. Un loro con una pajarita en el cuello.  Podías hablar con ellos como con una persona cualquiera, respondían a todo tipo de preguntas y si necesitabas algo iban a buscarlo y te lo traían.

La isla también estaba llena de monos pequeños que te daban abrazos y te hacían cosquillas.

Los niños eran grandes acróbatas. Trepaban por los árboles con mucha facilidad dando volteretas sin parar.

El espectáculo que mi abuela dio allí, fue en un escenario encima del mar y me dijo que la primera fila de espectadores eran unos delfines muy atentos y simpáticos que reían sin parar.

La isla se llamaba Isla Carmesí, porque al caer el sol todo se cubría de ese color.

Ay, mi abuela, cuantas historias me contó….

(Coge un paraguas y se apoya sobre el. Da vueltas alrededor y lo abre. Se pone a caminar por una cuerda como haciendo equilibrio. )

Mantener el equilibrio. Mantener el equilibrio es muy, pero que muy importante en la vida. El equilibrio y la sonrisa. La lluvia y el sol.

El sol… (Se pone a cantar con el paraguas en la mano.) Sol solito caliéntame un poquito para hoy para mañana, para toda la semana, luna lunera, cascabelera, cinco pollitos y una ternera, caracol, caracol, a la una sale el sol, (Se pone un tambor y coge una cuchara y un tenedor) sale pinocho tocando el tambor con una cuchara y un tenedor!

(Deja todo en el suelo).

En otra ocasión tuvo que ir a representar su función a un bosque en el que había una aldea. Una aldea con casitas pequeñas, tan pequeñas como sus habitantes. Allí conoció al duende Capulín y al hada Mandarina. Me contó que era el duende más divertido que jamás ha conocido.

Andaba haciendo el pino, no sabía pronunciar la erre, y se chocaba con casi todo porque perdía el equilibrio a cada paso.

Confundía los colores. El cielo para  él era verde y los árboles morados.

Viajaba a lomos de un lagarto gigante…..

Mi abuela era una actriz muy interesante y divertida…. En casa era distinta al resto de las abuelas que yo conocía….

Antes cuando yo era pequeña, había muchas casas que tenían vacas  a las que podías ir a comprar leche. A mí me mandaba con una lechera y volvía a casa dando vueltas con la lechera sin que se me cayera ninguna gota. Esa leche antes de tomarla había que hervirla para asegurarte de que se podía tomar sin peligro. Ella la ponía al fuego y siempre siempre se le salía de la olla y la leche comenzaba a hacer una espuma que crecía y crecía y crecía hasta que encontraba su cauce fuera de la olla y empezaba a formarse un río de leche por la cocina.

He visto cientos de montones de ríos de leche por la cocina de mi abuela.

Y ella empezaba… yo una vez en un país de china vi un pueblo que  sus ríos eran de leche, una leche de un sabor muy extraño, leche con sabor a melocotón….Si, si abuela….

También era una experta en cambiar la ropa de color. Lo que en un principio era blanco siempre termina de color rosa o multicolor.

Y su comida…Eso sí que era especial. Yo siempre andaba inventándome excusas para no tener que comer su comida. Hoy no abuela, me duele la tripa…

No tengo hambre, me saludó un perro por la calle y me quedé sin apetito.

Ahora yo también soy abuela….y tengo una nieta maravillosa.

(Entra la nieta dando amplios saltitos)       

ABUELA. ¡Hola mi niña! ¡Bienvenida al país de los Sueños!

NIETA. Acabo de salir del cole. (Coge una caja y la abre. Está llena de piedras de colores). ¿Y estas piedras abuela? Hay de todos los colores.

ABUELA. Cada una tiene una utilidad y sirve para una cosa. (Coge una piedra azul y la mira.) Las piedras hacen mucha compañía y nos pueden ayudar. Esta por ejemplo, sirve para tener más ideas.

NIETA. Y esta maleta abuela, es muy bonita ¿puedo abrirla?

ABUELA. Huy esa maleta….esa maleta….es muy especial, viene de un país muy lejano. Es de un país muy especial porque nunca supo cómo llegó allí, pero de ese país se trajo esta maleta.

NIETA. ¿Y por qué no sabe cómo llegó allí?

ABUELA. Ella iba en un coche y una nube densa se les puso encima, tanto que tuvieron que parar y cuando la nube se marchó y podían seguir el viaje, se dieron cuenta de que estaban en un sitio distinto. Un sitio en el que nunca habían estado.

NIETA. ¿Y qué hay  en la maleta?

ABUELA. Te la voy a enseñar pero esto es un secreto que me tienes que guardar. ¿Entendido?  

NIETA. Entendido abuela. Trato hecho.

ABUELA. Esta maleta proviene del auténtico país de los Sueños. Esta habitación, este nuestro querido rincón tiene su nombre por ese país.

Y esta maleta contiene unos objetos maravillosos. (Abre la maleta y saca unas gafas). Mira, pruébatelas.

(La nieta se pone las gafas)

NIETA. ¡Alaaaaa! Con estas gafas se ve todo diferente ¡Uau! Se ven todas las cosas buenas de las personas. Abuela, tienes un corazón muy generoso…

(La nieta deja las gafas y saca un xilófono. La abuela lo coge y hace sonar con una baqueta una nota. La nieta mueve una pierna  sin querer. La abuela hace sonar otra nota. La nieta mueve involuntariamente la otra pierna)

NIETA. ¿Qué me pasa abuela? Mis piernas se han movido sin mi permiso.

(La abuela hace sonar dos notas y la nieta se mueve más deprisa, siendo más consciente de que ella no quiere mover el cuerpo. Y sigue tocando un poco más deprisa).

Es una fuerza muy potente y maravillosa que me invita a bailar con el instrumento.  Es fantástico. Mi cuerpo se vuelve ligero y alegre.

ABUELA.  Es el instrumento. Su sonido penetra por nuestros oídos de una forma especial y hace que nuestro cuerpo se mueva al compás de la música. (Vuelve a coger la baqueta y comienza a tocar más notas seguidas y la nieta se mueve al compás.)

NIETA. ¡ Ja ja ja ja, abuela! No puedo parar. Esto es divertidísimo.

(La abuela deja el xilófono y  saca un arco con una flecha)

ABUELA.  Mira, ven, lee lo que pone aquí. (La nieta coge el arco y lee.)

NIETA. Arco del amor. Al que roce con su flecha le invadirá un sentimiento de amor por los demás. (La abuela dispara la flecha contra su nieta).

¡Abuela te quiero ¡ ( La abuela se ríe y se funden en un abrazo)

(La abuela saca una granada)

NIETA. ¿Eso es una granada? ¿Eso explota al lanzarla? Es muy peligroso y sirve para hacer daño a las personas. ¿Cómo tienes una abuela?

ABUELA. Esta pertenece al país de los Sueños y esta no tiene la misma función que aquí. (La abuela lanza la granada y la nieta se gira tapándose los oídos. Al caer la granada se convierte en una flor)

NIETA. ¡Qué bonito! Es alucinante me hubiese gustado conocer ese país.

¡Ojalá todas las granadas del mundo al explotarlas saliesen flores!

ABUELA. O purpurina, o arcoíris,  o unicornios o duendes…

NIETA. O caramelos, o bailarinas pequeñas dando saltitos pequeñitos.

(La nieta se pone a saltar. Vuelve a la maleta y saca un spray. Y lee directamente del bote.)

Spray Antimonstruos. Al pulverizarlo se crea una barrera invisible alrededor del niño y así los monstruos y fantasmas no pueden hacer nada a los niños. Yo creo que con esto los niños dormirían  mucho mejor.

Yo cuando era pequeña veía muchos monstruos en mi habitación y realmente pasaba mucho miedo porque pensaba que me iban a atacar.

Uno lo recuerdo especialmente, era verde con la nariz muy larga y el pelo largo y marrón. Yo estaba dentro de la cama tapada hasta los ojos. Él me miraba y yo no sabía que hacer porque estaba muerta de miedo.

ABUELA. Esos monstruos que ven los niños no hacen nada pero se pasa muy mal porque ellos los ven muy grandes. Pero si ellos saben que con este spray se crea una barrera protectora los miedos serán menores.

(La abuela saca una pistola) 

NIETA. ¿Qué haces abuela? ¿Eso es realmente peligroso?

ABUELA. Las que tú  conoces sí, pero esta es increíble.

(Y la abuela dispara al aire. La nieta, sin quererlo empieza a recitar e interpretar una poesía.)

NIETA. Cada abeja con su pareja.

             Cada pato con su pata.

             Cada loco con su tema.

             Cada tomo con su tapa.

             Cada tipo con su tipa.

             Cada pito con su flauta.

             Cada foco con su foca.

             Cada plato con su taza.

             Cada río con su ría.

             Cada gato con su gata.

             Cada lluvia con su nube.

             Cada nube con su agua.

             Cada niño con su niña.

             Cada piñón con su piña.

             Cada noche con su alba.

ABUELA. Es una pistola que cuando la disparas hace recitar poemas a quien siente su vibración.

NIETA. Es increíble. ¡Yo quiero ir a ese país!

ABUELA. Eso mismo le dije yo a mi abuela. Te voy a contar todo lo que ella me contó de ese país. Escucha, abre bien los oídos.

(La nieta se pone en cuclillas en posición de escuchar. La abuela sigue de pie.)

ABUELA. Esta, mi querida nieta, es una historia mágica y es mágica por dos razones. La primera porque me la contó mi abuela y las abuelas siempre han tenido una magia especial. Y la segunda, porque los sueños son tesoros que si los abres te llenan la vida de magia y color. 

El país de los Sueños es un país que realmente existió hace muchos, pero que muchos años. Era un país muy lejano, un país que nunca hemos sabido dónde se encontraba. (La abuela saca un catalejo y comienza a buscarlo por la habitación.)

En ese país había multitud de lagos llenos de patos de mil colores.

(La abuela saca una mariposa grande y blanca y empieza a jugar con ella)

Las mariposas eran blancas y se te posaban encima de la cabeza, encima del hombro. Te hacían cosquillas en la punta de la nariz.

(La abuela coge una flor y la huele maravillada.)

Ay, sus flores… sus flores desprendían olores maravillosos. Olores que hacían que a sus gentes les entrara una alegría contagiosa y pegadiza.

En este lugar tan especial, las nubes se podían tocar con las manos porque bajaban hasta al suelo.  Y sus valles…. cómo eran sus valles. Su hierba era blandita y había pequeñas laderas por la que los niños se deslizaban, como si fuesen toboganes. Subían  y bajaban. Rodaban por las laderas. Los niños corrían libremente de acá para allá.

 Si las noches son misteriosas, ¡imagínate en el país de los Sueños!

La gran mayoría de noches eran noches azuladas con estrellas amarillas que se fundían junto a pájaros morados en un baile sin fin. Cada estrella guardaba un mensaje, y si lo adivinabas, esta se convertía en una estrella fugaz, estrella que siempre concedía un deseo del corazón.

¿Y sabes lo que hacía la luna?

NIETA. ¿La luna? 

ABUELA. Muy lentamente, al caer el día, la luna bajaba y se posaba en un valle morado y todos los niños iban a verla. Había noches que sonaba música y los niños se quedaban dormidos sobre el césped.

La virtud más apreciada, noble y alta de aquel país era la imaginación.

En las plazas y calles siempre había gente contando historias fabulosas o malabaristas o acróbatas.

Los niños construían sus propios juegos. Tocaban instrumentos en todas las plazas y calles.

Pero todos sabían una cosa, una cosa terrible… que sin la lluvia no podían vivir.

NIETA. ¿Por qué abuela?

ABUELA. La  lluvia los unía. Cuando llovía se daban la mano y salían a ver llover y a imaginar. Decían palabras sueltas, cada una lo que se les ocurría. La lluvia les hacía recordar, les hacía imaginar. Sin ella se apagarían.

En ese país había un sabio. Un sabio que decía:

“La imaginación es el tesoro más rico de la humanidad. Cuanto más se imagina, más poderosa es, pero ¡ay si no se alimenta! La nada se apodera de ella y muere.” Era la única ley que imperaba en el país.

Nadie sabe por qué, pero un maldito invierno no llovió y todo comenzó a secarse. Los patos murieron, los lagos se secaron, los valles dejaron de ser verdes. Y la luna ya no tenía donde posarse. Las flores comenzaron a oler a tristeza. Tanto todo se secó que se secó hasta la imaginación de sus habitantes.

No podían soñar, ni construir historias, ni reír. El país entero rompió al unísono en un llanto desgarrador. Tanto y tanto lloraron que aquel país se ahogó en sus propias lágrimas. Todos se quedaron enterrados sobre ese manto de lágrimas. Y pueblo entero desapareció.

NIETA. ¿De verdad abuela? ¿No quedó ni un solo habitante?

ABUELA. Ni uno. Pero cuentan que esas lágrimas se evaporaron y subieron al cielo y se convirtieron en nubes.

Por eso mi abuela siempre me decía que cuando llueve es tiempo de soñar. Tiempo de que la imaginación vuele alto y que cada gota de lluvia es un sueño que está esperando hacerse realidad.

Así que haga frío o llueva sigue imaginando lo que tu corazón sueña pequeña, el país de los sueños siempre siempre te ayudará.

NIETA. Yo quiero ser pianista y tocar melodías con esmero.

ABUELA. Pues siente y escucha la melodía que late en tu  corazón.

FIN

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Acerca del autor

Eve

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