El vendedor de seguros

Publicado por: Eve

Descripción: Marcos es un vendedor de seguros que llega a la casa de un par de ancianos. Pero su negocio no le sale como esperaba.

Personajes: Marcos, Doña Cecilia, Don Evaristo

ACTO ÚNICO

Doña Cecilia se encuentra tejiendo en su sala de estar. Es una mujer anciana, llena de canas y vestida con un chal. De pronto, alguien toca a la puerta y ella va a abrir. En el umbral aparece un joven vestido de traje marrón, con un portafolio y una sonrisa forzada.

Marcos: Muy buenas tardes, señora. Soy Marco Gómez, vendedor de la compañía “Ahorra Seguros”, donde ofrecemos las mejores pólizas para su patrimonio. ¿Tiene un momento?

Doña Cecilia: ¿Pólizas? ¿Patrimonio? ¿De qué me habla usted?

Marcos (entrando en la casa). Permítame que le explique con mayor detalle, querida dama. ¿Cuál es su nombre?

Don Evaristo (fuera de escena): ¡Cecilia! ¿A qué hora vas a traerme mi avena? ¡Me estoy muriendo de hambre!

Don Evaristo entra en escena cojeando con un bastón. Es un viejecito amargado y encorvado. Mira a Marcos con sorpresa.

Don Evaristo: ¿Quién es este? ¿El cartero?

Doña Cecilia: No, Evaristo, ¿cómo va a ser el cartero? ¿No ves que viene muy elegante? A mí se me hace que es uno de esos vendedores que van de puerta en puerta, aunque la verdad es que no me ha dicho que quiere vender exactamente. ¿Está ofreciendo aspiradoras? Porque la mía la verdad no anda muy bien…

Don Evaristo: ¡No queremos comprar nada! Estoy harto de que cualquier vendedor de tres al cuarto venga a mi casa a ofrecerme cosas, (agitando su bastón), son unos estafadores, ¡unos sinvergüenzas! Solo quieren quitarlo a uno su miserable pensión…

Marcos (espantado): ¡No, señor! Le aseguro que no es esa mi intención. Si me da oportunidad, puedo mostrarle unas pólizas muy convenientes, pensadas especialmente para ustedes que están en la tercera edad.

Abre su portafolios mientras doña Cecilia desaparece momentáneamente de escena, buscando algo.

Marcos: ¿Tienen ustedes nietos, señor? ¿Hijos? Este seguro convenientemente pactado por mi compañía representa una excelente inversión para su patrimonio, (saca unos papeles apresuradamente), si pudiéramos sentarnos a conversar sobre…

Doña Cecilia (volviendo a entrar en escena): ¡Aquí está! (Arrastra consigo una aspiradora destartalada). Le dije yo que estaba hecha un asco, ya no aspira el polvo como antes…

Don Evaristo: ¡Mujer, guarda eso, por Dios! No veas el ruido que hace y yo con este audífono de mierda. (Se toca el oído como un cascarrabias).

Doña Cecilia: ¿Cree que podrá cambiarme esta por una mejor?

Marcos: Pero señora, si ya le he dicho que yo no…

Doña Cecilia: ¡Mire nada más como se atasca! Si es que trato y trato, y no la puedo encender… ¡ay!

La aspiradora se enciende de repente, mandando a volar todos los papeles de Marcos.

Marcos: ¡No! ¡Mis pólizas! ¡Vuelvan!

Sale a buscar sus contratos que se escaparon por la puerta, mientras el resto de papeles quedan en el piso de la casa.

Don Evaristo: ¿Ya ves? Te dije que no trajeras ese cacharro, menudo desastre.

Doña Cecilia: ¡Juraría que estaba descompuesta! Yo no tengo mano para estos trastos tan avanzados.

Don Evaristo: ¿Y a dónde se fue el vendedor?

Doña Cecilia: ¡Desapareció! Lástima. Que agradable era, ¿verdad?

FIN

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Publicado por: Eve

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