Garbancito

Publicado por: Ainoa Rodríguez

Personajes:

(Protagonista) – Garbancito

(Personajes secundarios) – Madre de Garbancito
– Padre de Garbancito
– Narrador

  • Tendedera
  • Persona 1
  • Persona 2

ACTO I

Narrador, Garbancito, Padre de Garbancito, Madre de Garbancito

Narrador: ”Érase una vez un matrimonio que deseaba tener hijos, era un deseo que pedían todas las noches a la Luna, pero tardaba muchísimo en llegar. El tiempo pasó y pasó, parecía que nunca iba a cumplirse el deseo de este matrimonio, pero entonces, un día sucedió lo que más se estaba esperando y poco parecía llegar.

Nació un pequeño niño. Y tan pequeño, porque aquello no era para nada normal y a la vez resultaba hermoso para los padres. No importó cuán de pequeño nació su bebé, aunque tuviese ese tamaño de un granito de lenteja ellos lo iban a querer de todas formas siempre. Debido al tamaño que tenía, decidieron ponerle el nombre de Garbancito.

El tiempo iba aconteciendo, pasando. Garbancito iba haciéndose mayor, pero sólo era mayor en edad ya que de estatura todavía seguía siendo muy pero que muy pequeñito. A él no le importaba para nada tener ese tamaño, pero sus padres en cambio, a medida que el tiempo iba ocurriendo sí comenzaban a preocuparse un poco por cómo le podría afectar en su vida a Garbancito, que fuese tan pequeño.

Sabían que a Garbancito le encantaba ayudar a las personas, a trabajar de la misma forma en que ayudaban y trabajaban otros niños. Para él no había una gran diferencia en el hacer a lo que su tamaño podría limitarle. ”

La madre de Garbancito se encontraba en una cocina. Estaba cantarina y hacía un arroz de conejo que sabía que le encantaría a su hijo Garbancito. Iba echando los ingredientes uno a uno, cuándo entonces se dio cuenta de que no tenía azafrán.

– Madre de Garbancito: ¡Oh no! ¿Y ahora qué puedo hacer sin mi azafrán?

Garbancito, en esos momentos también se encontraba reboloteando por la cocina, dando pequeños saltitos en ella. Escuchó la queja de su madre, y sin lugar a dudas supo que tendría que hacer algo.

– Garbancito: Mamá, yo iré a comprar el azafrán que te falta. No te preocupes.

– Madre: Pero niño, ¿cómo piensas ir tú? A lo mejor no te ven, ¿y si te pisan por no verte?

– Garbancito: No mamá, tranquila.

– Madre: No hijo mío, ahora mismo yo. No me arriesgo a que pueda ocurrir algo grave de lo que más tarde podamos arrepentirnos.

– Garbancito: No tiene por qué ocurrirme nada madre. Por favor, hazme el favor de dejarme ir. Para que no me pase nada, iré cantando una canción. De esa manera entonces todos podrán oírme y así, gracias a ello evitaremos que alguien pueda pisarme. Todos ganaríamos y vendré a casa con el azafrán.

La madre de Garbancito lo miró con el semblante de preocupación. No le gustaba nada la idea de que se arriesgase a que alguien pudiese hacerle daño. Se le ponía el corazón en el pecho sólo de imaginar que así pudiese ocurrir. Pero, a la misma vez no quería despreciar la voluntad de su hijo Garbancito y decidió entonces dejarle ir por ello.

– Madre: De acuerdo… .

La madre de Garbancito se acercó a él a un paso más lento. Sacó una moneda de debajo de un tarro de aceite.

– Madre: Ten. Coge esta moneda. Para conseguir el azafrán tendrás que ir a Ca la Rojals. Por favor, te muchísimo cuidado de que no te pisen.

La moneda era mucho más grande que Garbancito, por lo que como pudo, se echó esta a la espalda como si fuese una mochila.

– Garbancito: Tranquila mamá. Vendré con tu azafrán y verás como en un futuro querrás que te haga más recados. ¡Hasta luego!

ACTO II

Personajes: Garbancito, Persona 1, Persona 2

Garbancito se encontraba en la calle. Esta era alegre y a la vez tenía algo de polvo por mucho que los barrenderos barriesen. Pero, Garbancito supuso que eso era algo normal ya que la mayoría de personas tenían los pies mucho más grandes que él y eso suponía entonces, pisar más tierra para repartir por el mundo de lo que él podría quizá ensuciar.

Mientras caminaba, Garbancito cantaba una canción felizmente para evitar que alguna persona le pisase.

– Garbancito: ¡Pachín, pachín, pachán! A Garbancito no lo pisaréis… ¡Pachín, pachín, pachán! A Garbancito no lo piséis…

La canción daba resultado, porque las personas sí lograban escucharlo pero no llegaban a verlo. Él seguía siendo demasiado pequeño, así que, lo único que llegaba a visualizar la gente era una moneda que parecía estar moviéndose sola. Como eran un poco supersticiosos, no se atrevieron a cogerla en ningún momento. Creían que eso de cantar también tenía que ver con la moneda hechizada.

Gracias a ese pequeño espectáculo, las personas no se atrevían a acercarse a la moneda cantarina y bailarina. Por lo que en menos que cantó un gallo, Garbancito ya se encontraba en la tienda de Ca la Rojals.

ACTO III

Personajes: Garbancito, Tendedera

Garbancito ya había conseguido entrar a la tienda de Ca la Rojals. Le encantaba el olor a pan recién hecho de buena mañana que ésta repartía. Éste, se acercó hasta la tendedera que se encargaba de la tienda para conseguir lo que su madre le había pedido.

– Garbancito: Buenos días señora tendedera. Me gustaría que me diese un poco de azafrán, mi madre lo necesita para el arroz que está haciendo.

La tendedera con cara de no entender absolutamente nada de lo que de repente parecía estar escuchando, comenzó a sentirse un poco confusa.

– Tendedera: ¿Perdón? No escucho nada de lo que me dices.

– Garbancito: ¡Quiero un poco de azafrán para el arroz de mi madre!

– Tendedera: ¿Pero desde dónde me está hablando señor? No te veo por ninguna parte… .

– Garbancito: ¿Cómo que no? ¡Estoy aquí señora!

Garbancito comenzaba a sentirse un poco ofendido porque no le pudiese ver. Entonces, la tendedera vio que una moneda se movía.

– Tendedera: ¡Oh Dios mío una moneda que puede hablar!

– Garbancito: No señora, no es una moneda la que habla. ¡Soy yo Garbancito el que le pide azafrán!

 

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Publicado por: Ainoa Rodríguez

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