la casa de tía toña

Publicado por: Greg

¿De qué trata?

Toña es una señora que vive en el bosque de Chapultepec en una casa enorme, cuando perdió a su esposo su mundo se llenó de tristeza, para poder darle un uso a su enorme casa y tener compañía decide darle hogar a los niños necesitados del pueblo, pronto la señora gano la aceptación de todos los habitantes quienes la respetaban por ser un ejemplo para la sociedad, al poco tiempo comenzaron a llamarla tía toña.

Era una mujer adinerada, su marido le dejo grandes sumas de dinero ya que este era un comerciante muy exitoso, lo que termina por despertar la avaricia de quienes rodean a la mujer buscando tener una parte de la herencia.

Personajes

Toña: Dulce mujer que ofreció su casa para darle cobijo a los niños necesitados.

Pedro: Padre de la iglesia quien tiene mucho cariño a Toña por ser un alma tan buena.

Guillermina: Ama de llaves de Toña.

Pepita: Hermana de pepe, niña huérfana.

Pepe: Hermano menor de Pepita.

Memo: Huérfano con un pasado criminal.

Esperanza: Niña huérfana muy dulce y educada.

Griselda: Monja que desconfía de los huérfanos.

Acto I

Toña como todos los domingos acudía a la iglesia, le encantan mucho los sermones del padre Pedro, aunque desearía que Griselda no estuviera ahí, siempre regañando a los niños del orfanato que es dependencia de la iglesia, habían muchos niños y no se daban abasto lo que estresaba a la monja quien pagaba sus hostilidades con los niños.

Toña: – ¡Buenos días Padre Pedro! – Dijo Guillermina recibiendo un abrazo del Padre.

Pedro: – ¡Bienvenida nuevamente a la casa del señor! – Le dio un fuerte abrazo – Siempre es motivo de júbilo tenerte aquí con nosotros, ¿No es cierto madre Griselda? –

Griselda: – Por supuesto, es un honor recibir a nuestra principal contribuyente – Dijo pareciendo sarcástica pero lo disimulaba muy bien – No le gustaría conocer a algunos de los chicos, los recién llegados, los transfirieron de otro orfanato como si aquí nos sobrara lugar, válgame el cielo.

Pedro: – Para nosotros siempre será una gran bendición recibir a estas pobres criaturitas que necesiten del cobijo del señor –

Toña: – ¡Por supuesto que me encantaría conocer a esos niños! – Fulmino con la mirada a la madre Griselda – Padre presénteme a los niños.

Pedro: – Casualmente aquí vienen, ¡Chavos por aquí! – Los niños se acercaron corriendo – niños hay alguien que quiere conocerlos, ella es la señora Toña, aunque le gusta que le llamemos tía toña, está ansiosa por saber sus nombres.

Los niños se presentaron uno a uno, a pesar de vestir harapos sus modales eran decentes.

Toña: – Me llamo Toña, pero ustedes como les comento el Padre Pedro, pueden llamarme Tía Toña – Sonrió al ver el rostro de los niños, una idea vino a su cabeza – Sabe que Padre, mi casa es muy grande y ustedes están corto de espacio, no le gustaría que yo me llevara a estos dulces retoños a mi casa y brindarles mi protección –

Griselda: – No me parece apropiado Padre, recuerde que no podemos dejar que los niños se marchen sin ser adoptados, no es correcto –

Pedro: – Eso que importa Griselda, estos niños merecen tener una cama calientita, una buena comida y alguien que los atienda, Tía toña los cuidara mejor que nadie –

Toña: – Confié en mi padre, yo me encargare muy bien de estos chamacos – Dijo mientras le apretabas las mejillas a los niños.

Toña y los niños se fueron a la casa de la mujer en el bosque donde quedaron sorprendidos por la mansión y lo lujosa que era.

Acto II

Los chicos se encontraban en una de las habitaciones que la ama de llaves preparo para los niños quienes prefirieron dormir todos en una sola habitación para hacerse compañía, además los cuartos eran muy grandes así que no se sentirían abrumados por el espacio.

Memo: – Esta vieja está podrida en plata – Dijo mientras se tiraba a la cama.

Esperanza: – No deberías hablar así de Tía toña, ha sido buena en traernos hasta acá, la comida ha estado muy buena –

Pepe: – La verdad es que si, esta mujer debe tener más dinero del que necesitara en su vida –

Pepita: – Quizás tenga varios cofres de joyas sin usar, si se le pierden algunas no creo que se dé cuenta –

Esperanza: – ¡No! Chavos no podemos hacer eso, ella se ha portado muy bien con nosotros, sería muy feo que nos regresaran al orfanato y les dijeran a todos que somos unos vulgares ladrones –

Pepita: – La verdad no sé cuánto nos dure esto pero hay que saberlo aprovechar –

Memo: – Lo mismo digo, vamos hacer lo que queramos mientras podamos, esa vieja no sabe el regalito que se ha ganado –

Pepe: – ¡Nos sacamos la lotería! – Todos estallaron en risas excepto esperanza.

 

Acto III

Toña había notado que varias de sus joyas habían desaparecido, parte de su dinero, incluso algunas cucharas de plata, esto la hizo sospechar inmediatamente de los chicos pero les dio el beneficio de la duda, aunque decidió enfrentar el problema de la raíz y hablar con ellos ya que los únicos en esa casa eran su ama de llaves, los niños y ella.

Toña: – Los he reunido acá porque ha pasado algo muy penoso, siento hasta vergüenza de decirlo yo misma – Tomo un respiro – Varias de mis joyas han desaparecido junto al dinero de mi cartera, de mi cuarto, y faltan algunos cubiertos de plata –

Guillermina: – No estará insinuando algo señora, yo llevo trabajando durante décadas para usted y nunca se ha perdido nada, hasta que llegaron estos zarrapastrosos – Dijo severamente.

Toña: – ¡No señalo a nadie! – Froto su frente – Quiero explicaciones.

Memo: – ¡Nosotros seremos huérfanos pero somos honrados! – Dijo dándose un golpe en el pecho.

Pepe: – Si no fue esa señora que desde que llegamos nos ha tratado mal, seguro tomo sus cosas para que piense que fuimos nosotros y nos expulse de su casa –

Pepita: – No somos ladrones, seremos pobres pero tenemos dignidad –

Esperanza: – Si tiene problema con que estemos aquí, yo creo que la mejor solución es que nos retiremos al orfanato nuevamente –

Toña: – Estoy dando la oportunidad de que el culpable hable ahora, tendrá mi comprensión, antes de que entre por mi cuenta a cada habitación a buscar mis cosas –

Ante el silencio Toña actuó, entro a la habitación de los niños y no encontró nada, luego fue a la habitación de Guillermina quien no tenía nada que ocultar pero la realidad fue otra, las joyas, el dinero y los cubiertos de palta estaban en el cajón de la mesita de noche de su ama de llaves.

La decepción se apodero de Toña quien había depositado su confianza sobre aquella mujer, Guillermina no dijo nada en absoluto y se ofendió de que su patrona pensara que ella fue le robo sus cosas, al día siguiente abandono la casa.

Acto IV

Tras perder a su única ayuda en la casa Toña se vio obligada a realizar las tareas domésticas por su cuenta las cuales la dejaban cansada todos los días, teniendo que acostarse muy temprano.

Una noche se despertó tras sufrir un dolor de cabeza repentino, cuando se dirigía a la cocina por un poco de agua noto la luz del estudio de su marido encendida, era el lugar donde ella guardaba las cosas de valor y el dinero.

Toña: – ¿Qué significa esto? – Dijo Toña viendo como los niños estaban registrando todo el estudio, tenían un saco lleno de relojes, joyas, cubiertos de plata entre otros.

Memo: – ¿Qué más va a ser vieja estúpida? ¡Le estamos robando! – Todos empezaron a reírse, a excepción de esperanza que estaba en una esquina quieta llorando.

Toña: – ¿Cómo se atreven? he despedido a mi mano derecha, la han inculpado ¿No es cierto? – Los miro fijamente – ¡Contéstenme! –

Los chicos no dijeron nada se quedaron mirándola fijamente, luego de un minuto la ignoraron por completo y continuaron tomando las cosas, Toña les exigió que se detuvieran pero no le hicieron caso, Toña tomo un gancho de chimenea y lo levanto, la furia se había apoderado de ella.

Memo: – ¿Qué va hacer señora?, baje eso antes de que se lastime – En el momento en el que se giró Toña clavo el gancho en su cabeza.

Los otros chicos comenzaron a gritar, intentando salir por la puerta pero esta había sido bloqueada por Toña quien se encontraba fuera de sí.

Pepita: – ¡Por favor seño, no nos mate! – Decía entre lágrimas.

Toña: – ¡Toma ladrona! – Los golpes fueron directo a su cara, la niña gritaba por el profundo dolor.

Pepe: – ¡Deje a mi hermana! – El chico se abalanzo sobre la señora pero no pudo, Toña lo estrangulo hasta que el mundo se desvaneció para este.

Esperanza: – ¡Señora! Por favor yo no quería participar, y no soy una ladrona –

Toña: – Solo respóndeme algo – Acerco su rostro al de la niña – Dime ¿quién fue el que puso mis cosas en la mesita de noche de Guillermina? –

Esperanza: – Fui yo – Decía mientras las lágrimas inundaban sus ojos – Pero ellos me oblig – No alcanzo a decir más nada cuando el gancho atravesó su cuello.

Luego Toña se quedó mirando todo lo ocurrido, no podía creer lo que había hecho, tomo sus llaves, se encerró en su cuarto y nunca más salió de ahí.

Nunca se supo más de la mujer ni de los niños, se dice que aun por las noches se puede ver a Toña asomándose desde la ventana de su habitación, y que los niños aun pasean por la casa, se pueden escuchar sus risas mientras juegan, en la casa de Tía Toña en el bosque de Chapultepec.

 

 

 

 

 

 

 

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