La mujer del escultor

Publicado por: Dana

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Nos encontramos en el estudio de un escultor, un hombre de mediana edad, regordete y con una larga y espesa barba, que trabaja cuidadosamente en la escultura de un busto. Vemos cómo con la ayuda de sus manos va moldeando el barro a su antojo, con gran concentración. El hombre luce ropa grande, sucia de barro, que le da un aspecto de artista loco en plena fase de creación. En la habitación, repleta de figuras a medio hacer, trozos de barro y herramientas de trabajo tiradas libremente por el suelo suena una relajante música clásica, que el hombre va silbando mientras trabaja en su figura de barro. De repente, una puerta que se encuentra ubicada al fondo del estudio, todo diáfano, se abre y aparece una mujer madura, de figura esbelta, vestida con una larga gabardina oscura, y un paraguas que gotea en la mano. Cerrando la puerta casi sin hacer ruido se acerca lentamente hacia el escultor:

Gala: (Caminando sin apenas hacer ruido hasta colocarse detrás del escultor para sorprenderle)

– ¡Te tengo!, ¿qué estás haciendo todavía tan tarde aquí?, me harté de esperarte en casa y decidí venir a buscarte. Sabía de sobra cuál era la ruta que tenía que seguir para encontrarte.

Moisés: (Sorprendido por la repentina visita y levantándose a saludar a su mujer)

– ¡Cariño!, perdóname. Perdí por completo la noción del tiempo mientras trabajaba en esta escultura. Sabía que me había olvidado de alguien ¡y mira por dónde apareces en el mejor momento! ven aquí a mi lado, fíjate, ¿qué te parece mi último trabajo?

Gala: (Mientras se quita la larga y húmeda gabardina, y la deja directamente en el suelo acercándose a la escultura)

-¿Sabes que siempre me fascina la manera que tienes de representar los volúmenes. Está todavía sin terminar, ¿verdad? aún así creo que has conseguido darle un aspecto muy realista y siento que si la toco prácticamente la carne de barro estará mullida y caliente.

Moisés: (Agarrando a su mujer por los hombros y atrayéndola hacia sí para besarla en los labios)

– Estoy feliz de que te guste, ¡me encuentro radiante de energía ahora mismo! Estoy seguro de que es porque mi musa predilecta a venido a iluminarme. Salgamos de aquí y vayamos a algún sitio a comer que estoy hambriento.

Narrador: (Nos encontramos ahora de vuelta en el estudio, vemos a Moisés con el pelo vagamente más largo, y la barba afeitada. Han pasado unas semanas, y sigue trabajando en la misma escultura. El estudio se encuentra completamente en silencio, y el escultor, mirando fijamente su obra parece tan concentrado que no se da cuenta de que Gala, vuelve a entrar por la puerta, aunque esta vez, cierra dando un gran portazo)

Gala: (Gritando desde la puerta y con gesto de desaprobación)

– ¿No teníamos una cita para cenar con nuestros amigos esta noche?, estoy tan enfadada contigo que ahora mismo podría matarte. ¡Imagina la vergüenza que he sufrido! Los tres esperando allí, y tú, como siempre, absorto aquí en tu trabajo. Estoy cansada Moisés. Muy cansada. Quizá sería mejor que nos separásemos una temporada. Olvidarnos el uno del otro. Desde luego no puedo seguir ni un día más así ¡esperándote constantemente y sin saber cuándo vas a aparecer!

Moisés: (Con la mirada perdida y vuelto hacia Gala, cabizbajo)

– ¡Lo siento tanto, mi amor! Te compensaré. ¡Juro que no volverá a suceder! Sin ti no soy nada. ¡No podré volver a esculpir!

Gala: (Cruzada de brazos y mirando en dirección contraria a Moisés)

– Hemos echo esto tantas y tantas veces, que ya sé cómo funciona y cómo me compensarás. Lo siento. Esta vez he aguantado demasiado. Por mí puedes quedarte aquí y nunca más salir. Seguro que serás feliz.

Narrador: (Tras esto, Gala se marcha, cerrando la puerta tras de sí y dejando a Moisés solo y apesadumbrado en su estudio. Al cabo de un rato, vemos como Moisés comienza a beber de una botella de whisky, y al cabo de un rato, retozando entre los restos de barro y herramientas de trabajo se queda dormido en el suelo.

De madrugada, cuando los primeros rayos de sol comienzan a entrar por la única ventana del estudio del escultor, vemos como este despierta y comienza a destruir la obra en la que llevaba tanto tiempo trabajando. Tras esto y con lágrimas en los ojos, vemos como el escultor comienza a reunir todos los pedazos de barro frescos que posee en su estudio, creando una masa de una altura similar a la suya, en la que comienza a trabajar de inmediato.

Horas después, ha creado una gran escultura de barro que se asemeja de manera asombrosa a Gala. Cae de rodillas frente a ella y la abraza, rodeándola con sus brazos)

Moisés:

– Ahora estaremos juntos para siempre, y nunca te irás de mi lado. Nunca…

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Escritora aficionada de literatura breve, amante de los buenos libros, el cine,la música y los animales. ¡Estudiante de arte y enamorada de la vida a cada segundo que pasa!