La peligrosa oferta del 2×1

Publicado por: Dana

restaurante

Joven:

(El primero de la cola ya ha sido atendido, por lo que el joven accede directo a la caja donde debe pedir su consumición. Se dedica a mirar con indecisión la carta de productos sobre el mostrador)

– Perdone, tengo una pregunta.

(Dirigiéndose al dependiente de la caja)

Cajero:

(Atento, cordial y sonriente)

– Sí, dígame .

Joven:

-¿Es cierto eso que pone en la carta?, ¿que si te llevas dos hamburguesas, una de ellas de gratis? (oferta del 2 por 1)

Cajero:

(Algo confuso)

– Sí, así es. ¿Se va a comer dos hamburguesas?

Joven:

– En realidad lo he pensado mejor y solo quiero una.

(El joven señala la hamburguesa de su gusto y el cajero se dispone a apuntarla en su máquina)

Cajero:

– Muy bien. Pues, serán 3 euros.

Joven:

(Confiado)

– Oh, no hace falta, solo inclúyamelo en el 2×1.

Cajero:

(Confuso, su sonrisa comienza a desvanecerse)

– Perdone, ¿qué es lo que no hace falta?

Joven:

– Que me cobre la consumición, evidentemente.

(La cara del cajero se ha tornado en una suerte de estupefacción con el ceño bastante fruncido. El joven le mira sin entender su actitud)

– Verá, como una de las consumiciones es gratis, y dado que no soy precisamente rico, decido quedarme con esta última.

Cajero:

(Abiertamente mosqueado)

– No es así como funcionan las cosas, solo puede acceder a la consumición gratis si compra 2.

(Mientras, la gente de la cola comienza a impacientarse y echar miradas de reojo a los dos personajes. El cajero que está al lado también empieza a mirar a su compañero sin poder creer lo que ocurre.)

Joven:

(Mira al cajero como si estuviera hablando con un extraterrestre)

– Me parece que usted no entiende nada. Es claro el hecho de que va a haber una consumición gratuita, y yo no necesito más, así que no veo por qué tengo que pagar la otra. Además, siguiendo su argumento, le diré que está claro que muchas de las demás personas que vengan hoy no van a usar ese descuento. Así que, ¿porqué no incluir mi consumición entre esos pedidos?

Cajero:

(Completamente impermeable ante los argumentos del joven)

– Mire, yo puedo entender cualquier cosa hasta ciertos límites, que yo mismo me pongo con gran precaución. Sin embargo, lo que usted está diciendo no tiene ningún sentido y yo desde luego no voy a permitir que se salga con la suya.

(La gente de la cola empieza a murmurar enfurecida y a punto de entrar en histeria colectiva ante tal embarazosa situación).

Señora de la cola:

-Joven, ¡no se haga el tarado!, ¡usted sabe que las cosas no funcionan así en el dos por uno! ¡Tienes que salir de la cola porque debo ir urgente a llevar esta crema a mi hermana que está en el hospital y se está muriendo!- decía una señora como intentando empujar con sus palabras al muchacho para deshacerse de él de una vez por todas y llegar a la caja para -en realidad- poder pagar el pegamento de su dentadura e irse a ver su telenovela favorita.

Joven:

(Su tono es de enfado e impaciencia)

– ¡Está bien! Estoy harto de tratar con un empleado, ¡llame usted a su encargado!

(El cajero se va sin decir más con un cierto aire triunfante. La gente mientras ha empezado a quejarse en voz alta de la tardanza y el cajero de la otra caja intenta tranquilizarlos mientras atiende solo a quien puede.)

Encargado:

(llega al lugar de los hechos muy apurado)

– Díganme, ¿qué ocurre? y ¡¿qué es todo este alboroto?!

(Mira a sus dos empleados con cierta furia, uno de ellos – el compañero del cajero principal – mira al suelo mientras que el otro le devuelve la mirada sintiéndose ofendido.)

Joven:

(De nuevo, completamente tranquilo, sonriente y ajeno a lo que ocurre a su alrededor en la cola)

– Si, venga por favor y se lo explico en un momento.

(Pasa un tiempo en el que se ve cómo el encargado y joven hablan, aunque no se les oye. El encargado escucha las explicaciones del joven con atención e interés y le responde normalmente. El encargado por último ve que la cola es de casi 100 personas)

Encargado:

(Al cajero)

– Haga el favor de consentir a los deseos de este cliente y no vuelva a llamarme por una cosa así. ¡Mire la que ha liado!

Cajero:

(Sin poder creer lo que oye)

– ¿Usted está de acuerdo con lo que dice?

Encargado:

(Serio y convencido)

– Así es, la lógica de este joven es implacable. Ahora, ¡por favor sírvale con rapidez que ya ve cómo está la cola!

(El joven no para de sonreír mientras el cajero a punto de explotar le sirve su hamburguesa a toda prisa.)

En menos de dos minutos el joven recibe su hamburguesa gratis, le da las gracias de forma burlesca al cajero y se va caminando con su hamburguesa.

Todos los clientes, del bullicio que hacían, pasaron a quedarse mudos y a mirarse como si se preguntaran telepáticamente si alguno sabía lo que había ocurrido.

Señora de la cola:

¡Yo también quiero mi hamburguesa gratis!

Y los más de cien, empezaron a exigir también su hamburguesa.

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Escritora aficionada de literatura breve, amante de los buenos libros, el cine,la música y los animales. ¡Estudiante de arte y enamorada de la vida a cada segundo que pasa!