La primera cita

Publicado por: Susan Urban

Romina no se había decidido a quedar con Juan Pablo hasta ese momento. Aunque desde que lo conoció por las redes sociales le había caído en gracia y le había parecido muy guapo, había acabado bastante mal con su anterior novio, al que también había conocido por las redes sociales y con el que se había llevado un desengaño al comprobar que poco tenía que ver con la imagen que había proyectado sobre sí mismo a través de la webcam.

Según Romina, una cosa era lo que parecía y otra muy distinta lo que podía ser. No se fiaba de Juan Pablo ni de ningún otro hombre en la tierra, aunque éste parecía distinto y además le había entrado por el ojillo. Igualmente prefirió ser cauta y quedar con él en el restaurante de unos amigos donde iba habitualmente para que aquella cita entre dos desconocidos no pareciera tan intima. Aunque podía haber llegado más tarde que su pretendiente a la cita, prefirió adelantarse para evitarse los nervios y jugar con ventaja:

primera cita

Romina: (se levanta cuando advierte la presencia de Juan Pablo en la entrada del restaurante y le hace una pequeña seña con la mano para que se acerque).

– ¡Hola!- con una sonrisa se acerca a Juan Pablo para darle dos besos- ¡Al fin nos conocemos!

Juan Pablo:

– No habrá sido por peticiones, que han sido muchas veces las que te dicho de quedar.

Romina:

– ¡Cierto! pero ya ves, por una cuestión u otra al final lo he ido postergando. No creas que me ha sido fácil negarme a tus innumerables peticiones- dice algo coqueta por la atracción que siente por Juan Pablo- ¿Qué te parece el lugar?

Juan Pablo: (mira a su alrededor fijando su vista en cada uno de los detalles decorativos del local)

– ¡Vaya! es bastante pintoresco la verdad. ¿Vienes aquí con asiduidad?

Romina:

– Pues si, la verdad es que es como estar en casa, además cocinan muy rico.

Son interrumpidos por Inés, la dueña del local que viene a tomar nota de la comanda.

Inés:

– Rominita, ¿traes acompañante hoy?- dice con sonrisa pícara- ¿Qué van a querer comer los señores?

Romina:

– Para mi lo de siempre Inés, dos empanadas de carne mechada y una patata rellena de pollo. Para beber una caña.

Inés:

– ¡Muy bien! ¿Para el Señor que traemos?

Juan Pablo: (algo dubitativo)

– De momento una cerveza solo.

Inés:

– ¿No se te antoja nada de comer?

Juan Pablo:

– No, está bien así, gracias- responde sin mirar a Inés.

Inés:

– ¡Muy bien! Enseguidita les traigo.

Romina:

– ¿No tienes hambre?

Juan Pablo:

– Pensé que iríamos a otro sitio en nuestra primera cita.

Romina: (con cara de no entender bien qué pasa)

– No entiendo, me habías invitado a tu casa pero no me parecía apropiado para una primera cita, por eso decidí traerte aquí.

Son interrumpidos nuevamente por Inés, que viene a dejar las cervezas.

Inés:

– Aquí tienen, una caña para la señorita y un botellín para el señorito- dice con gracia.

Romina:

– Gracias- responde y espera a que Inés se retire lo suficiente para añadir- ¿Qué problema hay en pasar nuestra primera cita aquí?

Juan Pablo:

– Pues que no acostumbro a frecuentar estos lugares, mucho menos a comer este tipo de comida.

Romina:

– Bueno, puedo entender que no te guste la comida típica de Colombia pero da la impresión que lo dijeras en un tono despreciativo.

Juan Pablo:

– Indiferente ¿dirás?

Romina: (bastante descolocada con las respuestas de aquel desconocido)

– ¿Indiferente? Pues para ser indiferente pareciera que te causara alguna molestia la procedencia de esta señora que tan amablemente nos ha tratado.

Juan Pablo: (con tono sarcástico)

– Molestia ninguna, simplemente no pienso comer nada hecho con esas manos que a saber por dónde han pasado.

Romina: (bastante indignada ya con la actitud arrogante y racista del muchacho que minutos antes le había parecido encantador)

– La verdad yo tampoco acostumbro a tratar con personas tan clasistas como tú. Creo que esto de quedar ha sido mala idea.

Juan Pablo:

– Si quieres podemos ir otro sitio donde nos sintamos más cómodos.

Romina:

– Yo estoy bastante cómoda aquí y…

Son interrumpidos nuevamente por Inés que esta vez trae las empanadas y la patata rellena.

Inés:

– Aquí tiene sus empanadas y su papita mi niña Romina, ¿el Señor no va a querer más nada?

Romina:

– El Señor se va Inés..

Inés:

-¿Cómo se va? No puede irse sin probar al menos una empanada, mire le pongo una aunque sea para llevar, le invita la casa.

Romina:

– No te molestes Inés, el Señor va con prisa.

Juan Pablo:

– Si, así es- se levanta y se retira.

Inés:

– Pobrecito ¿no? llevaba cara de circunstancia.

Romina:

– Que no te de pena Inés y hazme el favor y ponme otra empanada.

Inés: (entre risas)

– No me sea mala mi niña Rominita, no me diga que no era guapo el muchacho.

Romina:

– Si, muy guapo pero muy tonto. Hazme el favor y ponme otra empanada Inés.

Inés:

– Si mi niña, las que quiera.

FIN

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Publicado por: Susan Urban

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