PEDRO CARMELO SE FUE AL CIELO

Publicado por: Guillermo Gallego

Reparto

 

PEDRO  El recién fallecido. Tiene una deficiencia en su mano izquierda.

Solamente la Enviada puede verlo.

CELESTE   Esposa de Pedro

ELENA     Hermana de Celeste

MARGARITA    Vecina

ENVIADA   Su misión es llevar a Pedro al paraíso eterno.

Solamente Pedro, puede verla.

Siempre mostrará una figura de aspecto firme e inquietante, pero su expresión es muy

dulce y serena, y habla de manera muy pausada.

Viste una túnica blanca que la hace aún más misteriosa, pero siempre bella.

DOCTOR RICARDO    Mèdico de la familia

VALE     Adolescente Hija de Celeste y Pedro

JIME      Amiga de Vale

 

PRIMER ACTO

Oscuro total. Se oyen latidos de un corazón agitado, de pronto los latidos cesan dando paso a la luz de escena.

Living de la familia Carmelo.

Celeste esta sentada en un sillón llorando desconsoladamente, mientras que Elena trata de calmarla. En el piso yace un cadáver semicubierto con un saco. Celeste que llora sin parar, y entre balbuceos, le cuenta a Elena lo sucedido hace instantes, mostrando la carta. Pedro camina por la habitación.

PEDRO: (Caminando sin rumbo en la habitación) Qué bárbaro! Qué dolor terrible me agarró de golpe! Pensé que me moría! Mamita querida! (A Celeste) Menos mal que me agarraste justito. (En ese momento ve a Elena con asombro) Elena? Que hacés acá? Cuando viniste? Si recién vos no estabas?

CELESTE: Eso fue lo que pasó Elena, leyó la carta y se descompuso al instante. Dios mío! No puedo creerlo! Si estaba tan bien! (Guarda la carta en el bolsillo de su campera.)

ELENA: Bueno, Celeste, ahora tenés que calmarte. Ya esta por llegar el médico.

PEDRO: Qué médico? Llamaron al médico? Pero que ganas de molestar! Si lo mío no es nada! Un dolorcito nomás! Un simple desmayo. Ya pasó. (En este momento Pedro ve el cuerpo en el piso cubierto con su saco) Epa! Y esto? Quién es? Que le pasó? (Muy asustado corre a destapar el cuerpo pero al instante se detiene) Que pasa que nadie me da bola? Celeste!? Elena!? Que les pasa a ustedes? Que es lo que está pasando acá?

ELENA: Yo siempre digo: “cuando algo tiene que suceder, sucede” obra del destino.

PEDRO: Macanudo! Ahora… yo… lo único que me pregunto es: Qué fue lo que pasó acá?! Resulta que me desmayo treinta segundos y cuando vuelvo en mí, me encuentro con vos (Señalando a Elena) que no sé de dónde saliste, un cuerpo al que ni siquiera me animo a destapar, tirado en el piso de “mí” casa y cubierto con “mí” saco, y a mi esposa llorando desconsoladamente porque yo leí esa carta… ah! y como si fuera poco nadie me da ni cinco de bola, siendo que acabo de sufrir un terrible desmayo y una caída abrupta al piso exactamente en el lugar en que se encuentra este señor. (Mirando el cuerpo en el piso) Realmente estoy comenzando a preocuparme.

ELENA: Celeste, hagamos una cosa, mientras esperamos al doctor vamos a la cocina y nos preparamos un tecito. Te parece?

CELESTE: Si mejor, me hace muy mal tenerlo así frente a mí. Pero… cuando va a venir el médico? Porqué tarda tanto? Cuánto hace que lo llamaste?

ELENA: (Tomando a Celeste y llevándola hacia interiores) Hace apenas diez minutos, Celeste. Pero parece una eternidad!

CELESTE: (Bruscamente se arrodilla ante el cuerpo y llora) Porqué? Porqué tenía que pasarte esto?

PEDRO: (Que se había sentado en un sillón) Paremos un poquito con la jodita, y cuéntenme de quién se trata. (Gritando) Vamos viejo! Denme un poco de pelota! O acaso no me ven?

ELENA: (Levantando a Celeste y saliendo a interiores) Vamos, vamos, ya no te tortures más.

Pedro queda atónito, sin moverse del lugar, y después de unos segundos, con cara de absoluto desconcierto

PEDRO: Evidentemente… no me ven… no me escuchan… o me están haciendo una joda muy pesada… (Se levanta, gritando) Celeste!!! Celeste!!… Elena!!! (Nadie contesta a sus llamados) Cómo puede ser? (Observa el cuerpo en el piso… y muy lentamente se acerca. Quiere destaparlo para ver de quien se trata pero un terrible temor lo invade) Pero… Qué me está pasando? (Mirando al cielo) Dios, decime que no es lo que estoy pensando! (Mira al cuerpo y hacia el cielo como esperando una respuesta.) Dale…, dale Dios… Decime que no soy yo! (Se sienta sin perder de vista el cuerpo sin vida.) No puedo ser yo. No, no. Si yo estoy vivo. Estoy sanito. (Se pellizca… más fuerte) Bueno… que no sienta un pellizcón, no significa que esté muerto. Ay, muerto!! No!! Ni mencionarlo. Pero… porqué Celeste y Elena no me escuchan ni me ven. (Se arrodilla ante el cuerpo. Muy nervioso, tiembla, tartamudea.) Pe…pe…pe… pero… co… co… como me… me… me voy a… me voy a mo… a mo… a morir ahora… no, no, no. No puedo ser yo… (Con la punta de los dedos intenta tomar el saco que cubre el cuerpo para poder ver la cara, pero como no puede levantar el saco se arrodilla y observa el cuerpo siempre muy nervioso. Al momento de descubrir la cara se espanta) No…! No…! No puede ser…! Es igual a mí. Es igual a mí! Pe… pe… pero no… no soy yo… es muy blanco… (Reaccionando por lo que dijo) Blanco!… Pálido… Estoy Muerto?

ENVIADA: (que ha aparecido en la escena muy sigilosamente.) Si, Pedro. Estás muerto.

PEDRO: (Sobresaltado) Eh! Ay! Y esta quien es? Otra más que viene sin que la llamen.

ENVIADA: Vos me llamaste, Pedro. Quisiste que viniera y aquí estoy.

PEDRO: Que yo te llamé? Perdoname… pero no sé quien sos… por lo tanto no recuerdo haberte llamado…

ENVIADA: Cómo te sientes?

PEDRO: Muerto!!!

ENVIADA: Además de eso…

PEDRO: Además de muerto…? como puedo sentirme estando muerto? Siempre pensé que una vez muerto no se sentía más nada, así que… que podría sentir?

ENVIADA: Cómo está tu alma?

PEDRO: Mi alma!? Y cómo voy a saber yo: cómo está mi alma? (Pausa) Creo que… descansando en paz.

ENVIADA: Entonces podemos irnos.

PEDRO: Si, si, podés irte cuando quieras… cuando quieras… que tengas buen viaje.

ENVIADA: Deberías estar feliz de venir conmigo.

PEDRO: Qué? Irme con vos… Ni loco! Adónde? (Larga pausa en la que Pedro comienza a observar a la Enviada detenidamente y con mucha curiosidad y preocupación.) Decime: vos podés verme? Podés escucharme?

ENVIADA: Claro. Puedo ver y escuchar tu alma.

PEDRO: Pe… pe… pero podés ver mi… mi… mi cuerpo…?

ENVIADA: Claro que sí. Tu cuerpo esta en el piso. Ahí, donde tú lo dejaste.

PEDRO: Cómo que yo lo dejé ahí? Yo no lo dejé ahí! No sé como fue… pero yo no lo dejé… en todo caso me lo olvidé ahí. (Pedro observa con insistencia su cuerpo y a la Enviada.) Cómo puedo hacer para volver a mi cuerpo?

ENVIADA: Eso no es posible, Pedro.

PEDRO: Cómo que no? Alguna forma debe haber? Dale… pensá…

ENVIADA: (Muy serena) Pedro… tú sabes muy bien que no puedes regresar a tu cuerpo. Y también sabes que no es tu deseo hacerlo.

PEDRO: (Reconociendo que es verdad) Es que hay algunas cosas…

ENVIADA: Si, ya lo sé… hay cosas que te faltan concretar y resolver… y habrá tiempo para eso.

PEDRO: Pero… cómo? Si estoy… muerto!

ENVIADA: Pedro: has dejado tu cuerpo… pero tú eres mucho más que un cuerpo, tu eres mucho más que esa materia que ves en el piso. Eres alma y energía, y puedes estar seguro que no abandonarás a tus seres queridos, sino por el contrario podrás protegerlos aún más de lo que lo has hecho hasta ahora.

PEDRO: (Se ha sentido tocado en sus sentimientos) Siento que aún podrían necesitarme mis hijos y Celeste, ella es muy sensible, muy dependiente de mí.

ENVIADA: Y lo será durante algún tiempo, luego podrás dejarla volar, dejarla vivir como ella aprenda a hacerlo. Y tus hijos estarán bien sin ti. Aprenderán a guiar su cuerpo de la manera que mejor consideren. Después, la felicidad está en el alma.

PEDRO: No, no, yo no puedo entender esto! Yo no puedo creer que esté muerto… Si hace un ratito estábamos lo más bien con Celeste leyendo una carta que decía… eh… (Se pregunta a sí mismo) Que decía la carta…? Pucha, no me acuerdo… qué era lo que decía la carta esa…? Apareció de la nada arriba de esta mesita… pero no recuerdo ni de qué se trataba…

ENVIADA: El hecho de no recordarlo puede tener un cierto significado.

PEDRO: Qué significado?

ENVIADA: No lo sé… tal vez una cuestión que te ha quedado pendiente en tu paso por la vida…

PEDRO: Pero… si no puedo recordar nada, tampoco puedo saber cual sería esa cuestión…

ENVIADA: No importa que no recuerdes, en algún momento aparecerá.

PEDRO: No puedo creerlo… Estoy muerto!!! Y mi cuerpo está ahí… tirado… (Acercándose al cuerpo) Seguro fue un problema con mi corazón, hace rato que me parecía que algo andaba mal en el cuore… Tantos problemas… por todo me hacía mala sangre… y mirá como terminaste cuerpito mío! Arruinado, hecho una calamidad! (Pausa) El médico me había dicho que tenía que caminar… mínimo cuarenta minutos todos los días. Pero… yo… terco como una mula… bah, no sólo eso… lo que pasa es que nunca me quedaba tiempo libre… (Recién ahora se dirige a la Enviada) Imaginate: once horas en el laburo, de ahí al comité, y en el comité ni te cuento, problemas todos los días. Del comité a casa, los chicos, mis hijos, porque no sé si sabes…

ENVIADA: Si, sé que tienes dos hijos.

PEDRO: Y viste…? Los chicos siempre son un problema aparte. También a su edad… es una edad jodida la de la adolescencia… Los pobres, ni saben en donde están parados, si uno no los guía un poco… encima yo, la verdad, poca bola les he dado este último tiempo… es que… con mil problemas en la cabeza, ni ganas de escuchar las pelotudeces que tienen ellos. No sé si me entendés?

ENVIADA: Si, claro, te entiendo…

PAUSA

PEDRO: (Conmovido) Es una cosa muy rara pero… siento tanta paz!

ENVIADA: A eso iba cuando te pregunté cómo te sentías.

PEDRO: Es que… ni siquiera siento mi respiración…

ENVIADA: No puedes sentirla, simplemente porque ya no respiras. Ya no necesitas de la respiración, ya no necesitas a ninguno de tus órganos.

PEDRO: Ah, si? Eh, ninguno?

ENVIADA: Claro, ninguno. En realidad era tu cuerpo quién necesitaba de sus órganos para poder vivir. Ahora, todo es distinto.

PEDRO: O sea que ya no voy a hacer uso de ninguno de mis órganos.

ENVIADA: Exacto.

PEDRO: (Con evidente picardía) De… ninguno… ninguno…?

ENVIADA: Es que tampoco tendrás las necesidades, Pedro.

PEDRO: Cómo que no?! Si, si, yo siempre tuve la necesidad a flor de piel. Ah, sí, terrible, siempre firme al pié del cañón… y con el caballero dispuesto a dar batalla.

ENVIADA: Pues, ahora, ni tú ni “el Caballero”, sentirán ninguna necesidad.

PEDRO: Yo no estaría tan seguro… ahh, si Celeste te contara… rendidor como ninguno.

ENVIADA: Tócalo.

PEDRO: (Sorprendido) Cómo?!

ENVIADA: Que lo toques.

PEDRO: Eh, a… a quien?

ENVIADA: Al “Caballero rendidor”

PEDRO: Es que… que… que yo me refería a…

ENVIADA: Si, si, ya sé a que te referías… por eso mismo, tócalo.

PEDRO: Eh… ahora?

ENVIADA: Cuando quieras…

PEDRO: Bueno… pero… no mires…

ENVIADA: No hay problema… No hay nada que ver.

PEDRO: Ah, bueno, venimos con cargadas. Reconozco que de tamaño no andamos con grandezas, pero… que da que hablar? Da que hablar eh! Más de una vez se asombraba mi Celeste por el rendimiento… Un descansito y vuelta a la guerra! Hasta me cansaba yo y él parecía que me miraba y me decía: “Vamos de nuevo!”.

ENVIADA: Qué bien! Esos son los placeres del cuerpo. Necesidades que ya no necesitarás complacer. Y cuando digo: “no hay nada que ver”, es simplemente eso, no hay nada que ver. O acaso tú ves algo?

PEDRO: (Mirando lentamente su cuerpo) No… no… no veo… no veo nada. No tengo… cuerpo.

ENVIADA: Exactamente Pedro. El cuerpo que tú tenías lo usaste simplemente durante tu paso por la vida, pero ahora ya no lo necesitas. Es solo tu Ser lo que eres. No eres materia y nunca lo fuiste, solo que para que el resto de la gente percibiera tu presencia hiciste uso del hermoso cuerpo que hoy abandonaste.

PEDRO: Pero… yo no quería… abandonarlo… Quería… quería… eh… usarlo un poco más…

ENVIADA: Evidentemente tus deseos no fueron lo suficientemente fuertes como para que no me mandaran a buscarte… de lo contrario…

PEDRO: Seguro me entendieron mal allá arriba… no puede ser… algún error debe de haber…

ENVIADA: Ni existen los errores ni existen los aciertos en el descanso de las almas, Pedro, son solo parte de tu vida anterior.

APARECEN CELESTE Y ELENA CON UNA TAZA DE TE CADA UNA

ELENA: Celeste, porqué no tomamos el té en la cocina las dos tranquilitas.

CELESTE: Prefiero estar a su lado estos últimos minutos. (Ambas se sientan en el sillón)

Pedro le hace señas a la Enviada para que no hable.

ENVIADA: No te preocupes Pedro, no pueden escucharnos ni pueden vernos.

PEDRO: Cierto… (Se acerca a Celeste) Celeste de mi corazón no vayas a pensar que fue a propósito eh? Yo no quería morirme… no, no… no sé qué pasó… pero me morí… así de una.

CELESTE: Pedrito, Pedrito, te me fuiste así nomás, de una…

Pedro mira a la Enviada sorprendido por la coincidencia de sus palabras. La enviada asiente sin hablar.

ELENA: Era tan dulce, tan tierno… un amor… aunque a decir verdad, últimamente estaba un poco alejado de todos nosotros…

Pedro la mira con cierto enojo…

CELESTE: Es que… estaba en todo. Su trabajo, la política que amaba tanto, yo, los chicos… éramos su vida…

ELENA: Si, sobre todo el trabajo y el comité.

CELESTE: No seas mala, amaba a sus hijos y a mí, muchísimo…

ELENA: Claro que sí. No digo que no los amaba, pero que estaba distante, estaba distante.

PEDRO: (A la Enviada) Y a esta que le pasa? Ahora va a revolver mierda…? Lo que faltaba, ahora que Celestita está triste, esta otra le va a buscar roña…

CELESTE: Si, es verdad, estaba un poco alejado de su familia, pero era entendible, él quería progresar para darle lo mejor a sus hijos.

PEDRO: Eso, Celestita, así se habla. Claro que siempre quise darles lo mejor, a vos y a los chicos.

ELENA: Nadie duda de eso, pero que se olvidó de dar un poco más de amor también es verdad. O acaso los chicos no lo han necesitado un montón de veces y el siempre los esquivó para no escuchar sus problemas.

PEDRO: (Muy enojado, da un grito con mucha bronca) Mentira!

CELESTE: (Casi una réplica) Mentira! (Pedro vuelve a mirar a la Enviada sorprendido por la coincidencia) El siempre estuvo al lado de los chicos. Solo el último tiempo los descuidó un poco porque tenía muchos problemas en la fábrica.

ELENA: Bueno, Cele, no vamos a discutir ahora. Además, yo sé muy bien que Pedro era una gran persona, eso nadie lo pondrá en duda.

CELESTE: Ah, bueno, menos mal. Y no quiero hablar delante de él. Pobrecito… (Rompe en llanto nuevamente)

PEDRO: Gracias, cuñada. Por fin una manito, aunque a esta altura ya ni falta que hace.

CELESTE: Con todas las cosas que teníamos planeadas! En la primavera habíamos pensado en pintar la casa.

PEDRO: Es verdad! (A la Enviada en un ruego) No puedo volver un tiempito más? Para pintar la casita nomás… (La Enviada niega con la cabeza)

ELENA: Bueno, che! La pueden pintar con los chicos.

CELESTE: (Lloriqueando) Si, pero él era una maravilla con el pincel! Cómo pintaba! (En llanto) El baño lo pintó él y quedó hermoso, lo viste?

PEDRO: (A la Enviada) Es cierto… que lindo me quedó el baño!!!

ELENA: Bueno, si, si, quedó lindo, pero tampoco era Picasso, quién no puede pintar un baño?

PEDRO: Ya está! (En burla) “Quién no puede pintar un baño?”. (A Elena) Cómo aprovechas para revolver con tu cucharita ahora que no estoy, eh! Algún día nos vamos a encontrar acá arriba y te voy a retorcer el pescuezo así, y así y así…!

ENVIADA: (En una llamado de atención) Pedro… Pedritooo…

PEDRO: Perdón, perdón… pero, me… me puede… me puede… Digo yo? No hay nada que pueda hacerle…? Aunque sea un tironcito de pelos…!

ENVIADA: Nada de maldades…

PEDRO: (Haciendo gestos sobre la cabeza de Elena y tratando de que La Enviada no lo escuche) NNNGGGÑÑÑÑGRRRGRRR.. Preparate porque vas a venir prontito, jejeje

SUENA EL TIMBRE DE CALLE

ELENA: (Se levanta para ir a atender) Ahí está el Doctor…

CELESTE: Ah, por fín.

PEDRO: Ja! A buena hora… Duro estoy ya… Si tardaba un ratito más me revisaba en el jonca.

LA ENVIADA SE HA SENTADO MUY COMODA EN ALGÚN RINCON DE LA ESCENA

ELENA: (En la puerta de calle) Hola, Doctor, pase por favor…

DR.RICARDO: (Apareciendo en escena) Permiso, Buenas noches Celeste. (Besa a Celeste, ante la mirada celosa de Pedro. Con voz serena, y sabiendo ya de la situación) Qué ha pasado con Pedrito?

PEDRO: Ahá, ahora soy Pedrito…

ELENA: Fue de repente, doctor. Estaba lo más bien conversando con Celeste, y de pronto se descompuso y cayó ahí, exactamente donde está. Yo llegué enseguida porque vivo a la vuelta, pero ya estaba sin vida, pobrecito.

DR.RICARDO: Por lo que me dice, ha sido un paro al corazón. (Tocando el cuerpo de Pedro, por debajo del saco para que Celeste no se ponga mal) Si, si. (Llamando por celular) Vamos a llamar al hospital para que nos envíen la ambulancia. (Mientras espera que lo atiendan, le habla a Celeste) Celeste, como te sentís? Estás tranquila? Te haría bien recostarte un ratito y descansar. Si, hola, Su, por favor mandame la ambulancia a la casa de Pedro Carmelo. (Sorprendido con la respuesta) Cómo? Cómo que no estás más? Disculpame? Recién me entero. Que distraído! Siempre en las nubes.

PEDRO: Otro que anda como yo, por las nubes.

DR.RICARDO: Ah, te jubilaste! Mmmm, no sé si decirte “me alegro” o “lo siento mucho”

PEDRO: (A la Enviada) Menos mal que ya estoy muerto si no me moría esperando la ambulancia…

DR.RICARDO: Bueno, Su, disculpame, un besito. (Vuelve a Discar)

PEDRO: Qué manera de desparramar besos este hombre…

DR.RICARDO: (A Elena y Cecilia) Se jubiló, qué lástima, muy buena enfermera… Hola, si, quien habla? Ah, como estás? Me hacés el favor de mandarme la ambulancia a la casa de Pedro Carmelo… Gracias, la espero. (A Celeste) Bueno Celeste, tranquila, acostate un ratito, descansá, que Pedrito ya descansa en paz, y además ya no hay nada que podamos hacer lamentablemente.

PEDRO: “Pedrito descansa en paz”! Las cosas que tengo que escuchar…

ELENA: El Doctor tiene razón, Celeste. Vamos a recostarte un ratito. (La toma a Celeste y se van a interiores.)

CELESTE: Gracias Doctor!

DR.RICARDO: Vayan tranquilas que yo me quedo esperando la ambulancia.

AMBAS MUJERES DESAPARECEN Y EL DOCTOR SE SIENTA MIRANDO EL CADAVER DE PEDRO

DR.RICARDO: Ay, Pedro, Pedro… ya me imagino por donde se te desató el infarto a vos.

PEDRO: Eh? Que dice? De qué habla?

DR.RICARDO: Algo parecido me pasó con mi hija. Creo que la única diferencia es que soy más joven que vos y mi corazón resistió mejor el impacto.

PEDRO: Doctorcito, por favor de que está hablando? Cuénteme, dele, sea buenito, que diablos me pasó.

DR.RICARDO: (Como si le hablara realmente) Sabés qué es lo más triste Pedro?

PEDRO: (Desesperado) Qué!!??

DR.RICARDO: Querés que te diga: qué es lo más triste de tu muerte?

PEDRO: (Casi en un grito desesperado) Si, quiero saber que es lo más triste! Decilo de una vez! Por favor decilo, doctorcito!

DR.RICARDO: Que te vas a perder de conocer a tu nietito…!!!

PEDRO: Me quiero morir!!!

APAGÓN

 

SEGUNDO ACTO

En algún lugar de la ciudad están Jime y Vale. Las dos tienen 16 años. Visten desalineadas. Vale fuma. Las dos juegan con su celular. Puede escucharse alguna música que refiera al sentimiento de las adolescentes. 

JIME: Cortala con eso, boluda! Te vas a enfermar!

VALE: Ya estoy enferma. No te diste cuenta?

JIME: Seguí con las pelotudeces. Me tenés harta. Si no querés que nos juntemos decimelo y listo. No hace falta que nos pasemos todo el tiempo peleando.

VALE: (Apaga el cigarrillo) Yo no quiero pelear. Te cuento nada más… no te dás cuenta que me siento para el culo?

JIME: Bueno, pero si fumás como una desgraciada, te vas a terminar cagando la vida vos y además le vas a cagar la vida al chico también.

VALE: Qué chico?

JIME: Dale tarada! Sabés de qué te hablo.

VALE: Ojalá no tuviera nada en esta panza de mierda.

JIME: Ay, dejate de joder. Ya lo tenés y bien que te gustó hacerlo. Ahora tenés que pensar en que vas a ser mamá.

VALE: Y te parece lindo? Una pendeja… mamá. Un pendejo pelotudo… papá! Hermoso! Que lindo futuro para una criatura!

JIME: Y vos que sabés? Quién sabe algo del futuro… nadie… nadie te garantiza nada, nena. Mis viejos me tuvieron cuando eran pendejos y tan mal no salí no?

VALE: Pero boluda! De qué hablás? No te das cuenta que Fede y yo somos dos pendejos inconscientes? Qué podés esperar de Fede? Que se ponga a laburar? Que sea papá a los diecisiete años? Te pensás que yo tengo ganas de criar un pendejo?

JIME: Lo hubieras pensado antes…

VALE: Ah, claro! Me lo decís vos? Seguramente porque siempre te cuidaste muchísimo! Tomaste todas las precauciones antes de acostarte con tu novio… está bien… si querés darme consejos de amigas? te entiendo. Pero no me hinches las pelotas, como si a vos nunca te hubiera pasado…

JIME: Puede ser que me hubiera pasado… pero lo que yo te quiero decir…

VALE: Lo que vos me querés decir sabés que es? Que fui una boluda y ahora me lo tengo que bancar! Eso es lo que me querés decir. Lo que pasa es que no te animás. Entonces me querés convencer con que voy a ser una buena mamá… que Fede va a ser un buen papá… Nena: somos unos pendejos boludos! Sabés cual es la única realidad? Que en una noche, maté a mi viejo, me cagué la vida yo, y le recontra cagué la vida a mi vieja.

JIME: No seas boluda. Lo de tu viejo, nadie lo puede creer! Tenía que pasar y justo va que le pasa cuando lee tu carta… No podés sentirte culpable por eso…

VALE: Te parece que no? Como te sentirías si tu viejo se muere justo cuando lee tu carta donde le decís que estás embarazada? Claro… seguro vos te sentirías feliz, no?

JIME: Obvio que no. Pero no me parece que tengas que sentirte culpable de su muerte. Yo creo que iba a suceder porque algún problema tendría, sino era en ese momento iba a ser en otro…

VALE: Si, pero justo se muere en ese momento. Y eso es lo que a mi me jode. Porque mierda no se lo dije en la cara. Hubiera sido distinto. No sé, yo hubiera estado ahí, a su lado… y… no sé… podría haber hecho algo…

JIME: Yo creo que no tenés que darte rosca con eso, boluda. Te cagás más la vida.

VALE: Ves? “te cagás más la vida”, o sea que ya tengo la vida recontra cagada.

JIME: Yo no digo eso, che! Dejáme de joder, todo lo agarrás retorcido y lo retorcés más, para sentirte bien enferma, parece que disfrutaras sufriendo y haciéndome sentir como el culo a mí.

VALE: (Muy nerviosa) No, tarada. Pero vos parece que no te das cuenta de lo que yo estoy viviendo! Por si no te diste cuenta te lo cuento. (Gritando) Una noche tuve SEXO con Fede, y a raíz de eso quedé embarazada, em-ba-ra-za-da, sabés lo que significa? Que voy a ser mamá!

JIME: Vale, ya sé lo que…

VALE: (Fuera de sí) No, no, pará, pará, que te sigo contando: como me cagué toda, en vez de contárselo a mi viejo le escribí una carta, y que pasó? Que mi viejo se murió, boluda! Se mu-rió, entendés? (Rompe en llanto) Mi viejo se murió. (Grita) Y es mi culpa!

JIME: (Le grita) No, no es tu culpa que tu papá se haya muerto, Vale. No es tu culpa. Ya te lo dije mil veces yo y otras mil veces Fede. Tu viejo estaba enfermo, nena, estaba enfermo, que mierda no entendés? Ningún padre se muere porque su hija vaya a tener un hijo! Abrite la cabeza de una vez y terminala con torturarte nena…

VALE: (Dando golpes de puño) Nunca me lo voy a perdonar… nunca… nunca. En mi vida me voy a perdonar esto. La reputisima madre que me parió… como mierda querés que me saque esto de la cabeza? Hace ocho días que no tengo a mi papá… y lo busco… lo busco… lo busco por toda mi casa, por todos los rincones para pedirle perdón… boluda… lo busco por donde se que siempre estaba y no está… te dás cuenta? No está…

JIME: Pará, Vale…

VALE: Y vos querés que yo piense en que voy a ser una buena mamá… y que Fede va a ser un buen papá… y que mierda… me importa un sorete… mi vieja, tirada por cualquier lado de mi casa, rodeada de dos boludas que le van a arreglar su vida… claro, si siempre dependió de mi viejo! Todo lo resolvía mi papá.

JIME: (Que ha sentido el impacto de lo dicho por Vale. La toma del cuello y la recuesta en su falda) Está bien… puede que tengas razón… perdonáme… tal vez no me di cuenta… (Seca con su mano las lágrimas de Vale.) Pero yo quiero ayudarte… quiero estar a tu lado…

VALE: Ya sé…

VALE QUEDA RECOSTADA SOBRE JIME, Y ESTA LA ACARICIA POR UN RATO. LUEGO VALE SE INCORPORA PARA ENCENDER UN CIGARRILLO. NO LO HACE, SOLO JUEGA CON EL CIGARRILLO ENTRE SUS DEDOS.

JIME: (Conciliadora) Vale… dejálo…

POR UN MOMENTO VALE SE RESISTE A DEJARLO

VALE: (Guarda el cigarrillo) Si…

JIME: Te hace mal…

VALE: Si. (Pausa) Y al bebé también.

SE MIRAN, SE SONRIEN, SE TOMAN DE LA MANO

JIME: Me vas a llamar si me necesitas?

VALE: Claro, boluda.

JIME: Prometelo.

VALE: Lo prometo.

PAUSA

JIME: Fede es bueno…

VALE: No me hables de Fede. No lo nombres.

JIME: Es el papá

PAUSA

VALE: (Reaccionando) De qué hablás?

JIME: Y… no es el papá?

VALE: Bueno, pero hablás como si ya fueramos padres.

JIME: Y qué? no son padres? O el bebé no tiene padres?

VALE: El bebé no nació, todavía…

JIME: Y eso que tiene que ver? Igual, padres tiene. O no?

VALE: Si, ya sé… pero todavía no lo puedo creer…

JIME: Yo tampoco…

VALE: …madrina

JIME: Eh?

SE MIRAN

JIME: No, boluda…

VALE: No querés?

JIME: Más vale…

VALE: Y bueno…

JIME: En serio…?

VALE: Claro.

JIME: Uy, no sé…

VALE: Andá a cagar…

MUSICA Y APAGÓN

 

 

TERCER ACTO

 

Misma escenografía que en el acto primero pero con algunos pequeños cambios en el decorado. En algún lugar hay un retrato de Pedro. Han pasado quince días. La Enviada está recostada en un sillón y Pedro en otro, a los dos se los puede ver distendidos y disfrutando. De pronto se oye la voz en off de un hombre.

VOZ EN OFF: Qué hacés?

ENVIADA: (Sorprendida, se incorpora como impulsada por la voz) Eh? Nada!

VOZ EN OFF: Si, ya veo que no hacés nada.

ENVIADA: (Con cierto temor) Bueno… descanso un poco.

VOZ EN OFF: Descansás un poco!? Hace quince días que comenzaste esta misión y todavía no la has terminado.

ENVIADA: Es que… esta misión es muy difícil.

VOZ EN OFF: Sabíamos que el alma de Pedro Carmelo no sería fácil, ha tenido una vida un tanto complicada. Pero su tiempo se acabó y el tuyo también. Te lo pido por última vez, terminá con tu misión y venite pronto.

ENVIADA: Le repito que estoy haciendo un esfuerzo sublime, pero Pedro es un ser especial y me está haciendo todo muy difícil. Las cosas que tiene que resolver son, de verdad, importantes.

VOZ EN OFF: Está bien, pero necesito que concluyas todo hoy mismo. Hay otras misiones esperándote. Por lo tanto no le des tanta vuelta al Pedro este y haz que termine lo que tenga que terminar ahora mismo.

ENVIADA: Está bien, está bien. (Aparte) Qué día tenemos hoy!

PEDRO: (Que escuchó la última parte) Me pareció, o hablabas con alguien?

ENVIADA: El cielo está muy tormentoso, Pedro! Tenemos que acelerar las cosas y marcharnos cuanto antes.

PEDRO: Qué? Tan pronto?

ENVIADA: Pronto! Hace quince días que estamos acá y a las vueltas.

PEDRO: Pero no me digas que no está bueno? Decime si no te gustaría quedarte un tiempito más? Parezco Patrick Swize en “La sombra del Amor”. Solo me falta la Demi Moore. Que línda mina. Si habré llorado con esa peli… y resulta que ahora soy el protagonista… y mi Celestita viene a ser la Demi Moore… con algunos kilitos más… pero linda… (Piensa) No podemos hacer que ella sepa que estoy acá? Como para darle un besito de despedida nomás, como en la peli…

ENVIADA: Y crees que a ella le haría bien?

PEDRO: Y… no sé. Capaz que no. Capaz que se pega un susto terrible la Cele. Como es ella pobrecita…

ENVIADA: No es ninguna “pobrecita”. Como su nombre lo dice, tiene un alma celestial, por lo tanto tendrías que preocuparte menos por ella.

PEDRO: Puede ser… bueno pero te gustaría o no quedarte un tiempito más?

ENVIADA: Como descanso está bueno, para quitarme el stress no me ha venido mal… pero…

PEDRO: Además todavía me falta resolver algo muy importante para mí. (Suplicando) No me podés llevar así!

ENVIADA: Ya te dije que si descubren que te estoy dando tantos atributos se complicaría toda la misión, y entonces sí que no podrías resolver más nada.

PEDRO: Está bien… te prometo que hoy nos vamos.

ENVIADA: Hagamos un trato. Recuerdas que te dije que puedo permitirte concluir una misión personalmente?

PEDRO: Si, si, me lo prometiste, pero todavía no sé muy bien de qué se trata.

ENVIADA: Cuál ha sido tu momento más difícil en la vida:

PEDRO: Uh, creo que ha habido un montón…

ENVIADA: El más difícil.

PEDRO: (Piensa) Cuando conocí a mi suegra… Uh, qué momento inolvidable! Insoportable la vieja! (Pintando la situación) Estaba en el baile con la Cele. Me acerqué, ella sentada de brazos cruzados y echada para atrás como manejando la situación: la cartera, que pesaba como diez kilos, arriba de la mesa como para manotearla y revoleármela por la cabeza… la miré y me miró… para qué! Me fusiló con la mirada! Me arruinó la noche. Porque yo con la Cele ya tenía todo clarito, hasta el viejo me cayó simpático. (Recordando) Romualdo… siempre con su boina, el bigotito fijito, esa mirada buena. Qué hombre tranquilo… me apreciaba mucho… pero la vieja se me cruzó esa noche… encima yo tenía unas copitas de más, y le dije: “suegra: me la presta a la Celestita para apretarla en la pista?”, decí que cuando la vieja manoteó la cartera yo ya estaba en la puerta, que sino…

ENVIADA: Pedro, yo me refería a un momento realmente difícil.

PEDRO: Bueno, si, pensándolo bien un momento muy difícil fue cuando mi cuñada, la Elena, se vino a vivir al departamento de al lado…

ENVIADA: (Sentenciando) Pedro…

PEDRO: No fue fácil bancarse a la cuñada y a la suegra todo el día en casa…

ENVIADA: El más difícil… hablemos de momentos duros y crueles.

PEDRO: Está bien, creo que el momento más duro fue cuando la máquina de la fábrica me desgarró el brazo… sinceramente sufrí mucho. Qué dolor! Pensé que no volvería a trabajar nunca más. Yo le tenía una confianza terrible a esa máquina, seguro fue eso lo que me pasó, un exceso de confianza. La manejaba como ninguno, con los ojos cerrados. Pero ese día me traicionó, un descuido mínimo y zás! Me llevó el brazo.

ENVIADA: Sin embargo te repusiste, y con mucha voluntad volviste a trabajar.

PEDRO: Por suerte sí. Me llevó mucho tiempo la recuperación pero mi fe y mi familia me ayudaron a salir adelante.

ENVIADA: Bien, y como todo sacrificio tiene su recompensa, tendrás la posibilidad de resolver una misión personalmente, es decir sin mi ayuda y solo con tu voluntad.

PEDRO: Me gusta, me gusta.

CELESTE APARECE DE INTERIORES ELEGANTEMENTE VESTIDA COMO PARA SALIR A CENAR, Y CON UN PEINADO QUE LLAMA LA ATENCION. PEDRO LA VE Y SE SORPRENDE.

PEDRO: Celestita! Qué te hiciste en la cabeza!

CELESTE SE SIENTA EN EL SILLON Y SE DISPONE A PINTARSE LAS UÑÁS.

PEDRO: Celestita! Qué te agarró? (A la Enviada) Te dije que la loca de la vecina me la va a llevar por mal camino. Mirá que sacarla a cenar afuera! Si la Cele nunca salió sino era conmigo.

ENVIADA: Tal vez esté necesitando un tiempo para ella. No olvides que tu esposa deberá comenzar prácticamente una vida nueva.

PEDRO: Vida nueva? Cómo vida nueva? Si la Cele arranca con la vecina capaz que agarra el sulky a patadas!

ENVIADA: El qué?

PEDRO: El sulky a patadas, agarra para cualquier lado. Su vida puede ser una calamidad! Mirá que se va a vestir así? Justo ahora que va a ser abuela.

ENVIADA: Pedro, debes recordar, que de ahora en más tus seres queridos seguirán con su vida. Por lo tanto lo mejor que puedes hacer es protegerlos pero no guiarlos, solos encontrarán su camino. Permíteles elegir el sendero a recorrer, así como tu elegiste el tuyo, sin que ningún alma interfiriera en tus decisiones.

CELESTE: (Pintándose las uñas, canta) “Procuro olvidarte siguiendo la ruta de un pájaro herido…”

PEDRO: (Con entusiasmo) Me canta…

CELESTE: “…Procuro alejarme de aquellos lugares donde nos quisimos…”

PEDRO: Si, si, me canta a mí…

CELESTE: “…me enredo en amores, sin ganas ni fuerzas por ver si te olvido…”

PEDRO: Nunca cantó…

CELESTE: “…y llega la noche y de nuevo comprendo que te necesito…”

PEDRO: …y entona…

CELESTE: (Mirando el retrato de Pedro) Perdonáme mi amor.

PEDRO: (Poniéndose cerquita) Por favor, Cele… no es nada…

CELESTE: Sé muy bien que estarías feliz si me vieras.

PEDRO: Seguro.

CELESTE: Bah, seguramente me estás viendo desde algún lugar del cielo…

PEDRO: Todavía ando a las vueltas pero quedate tranquila que ya me estoy yendo.

CELESTE: Y estoy segura que el hecho de que yo salga a cenar te hace muy feliz.

PEDRO: (Con sorna) Totalmente.

CELESTE: Además, voy con la Margarita. (Con picardía) Pensar que a vos te gustaba la Margarita.

PEDRO: (Mira a la Enviada sintiendo culpa) Eh? Que me va a gustar la yarará esa… Bueno… tiene un cuerpito lindo… pero nada más… si es una vívora!!!

CELESTE: Siempre dijiste que que era una vívora yarará. Pero que te gustaba, te gustaba… (Ríe)

PEDRO: Bueno, bueno, pero vos acordate que prontito vas a ser abuela, Celestita.

CELESTE: Yo sé que en el fondo es una chica adorable la Margarita.

APARECE MARGARITA DE LA ENTRADA DE CALLE. VISTE UN VESTIDO ESCOTADO, ES UNA MUJER ELEGANTE PERO BASTANTE DISPARATADA EN LA ELECCION DE LAS COMBINACIONES.

MARGARITA: Gordi, me nombras y aparezco, jaja, soy como la luz mala.

PEDRO: Exactamente un poquito peor.

ENVIADA: Pedro…

CELESTE: Hola, ya estás lista?

MARGARITA: No gordi, todavía no. Pero… con quien hablabas de mí?

CELESTE: (Señalando el retrato) Con Pedro. Le contaba que vamos a ir a cenar esta noche. No sé, es como disculparme un poquito con él.

MARGARITA: Pero querida! Basta de disculparte. No te olvides que Pedro siempre hizo lo que quiso y no se pasó la vida disculpándose, precisamente. Además… ya está en el cielo.

PEDRO: (Amenazante) Todavía no, Margarita, todavía estoy muy cerquita…

CELESTE: Justamente es eso lo que me entristece, que él ya no esté y yo salga de paseo.

MARGARITA: Bueno, che! Tampoco es la gran fiesta! Vamos a cenar y punto. (En broma) Después si surge algún asuntito es otra cosa.

PEDRO: Asuntito!?! A esta la reviento. Antes de irme la reviento.

ENVIADA: Cordura Pedro, cordura.

CELESTE: Ni se te ocurra hacer alguna cosa rara, eh!

MARGARITA: Pero gordi, es una broma. No te asustes. Ay, no podés estar tan a la defensiva.

SUENA EL TIMBRE DE CALLE

MARGARITA: Tranquila que yo atiendo. Seguí con lo tuyo.

CELESTE: Gracias. (Continua pintándose las uñas y terminando de arreglarse.)

MARGARITA: Hola, doctor! Cómo está? Pase, pase, que acá está Celeste.

  1. RICARDO: Permiso. (Saluda a Celeste) Cómo estás Celeste?

CELESTE: Hola, doctor. Cómo le va? Yo bien, tratando de seguir adelante con mi vida.

  1. RICARDO: Me parece muy bien, Celeste, la vida continua.

CELESTE: Y si, aunque es muy difícil hacerme la idea de que nunca volveré a ver a mi Pedrito.

MARGARITA: Bueno, bueno. Cambiemos de tema…

PEDRO: Callate un poco yarará. Siempre que se habla de algo importante interrumpe la vivorita.

MARGARITA: (Seductora) Quiere tomar asiento, doctor? Imagino que no estará muy apurado, verdad?

  1. RICARDO: A decir verdad, solo estoy de pasada.

PEDRO: Bien hecho doctor!

  1. RICARDO: Quería ver como andaba Celeste, pero veo que está muy bien y con buen ánimo. Y además, muy bien acompañada por cierto.

MARGARITA: Ay, gracias doctor. Que caballero! La verdad, que semejante piropo, viniendo de un hombre tan… elegante, me hace temblar un poquito.

PEDRO: Cualquiera la hace temblar a esta, es un volcán en erupción la yarará.

MARGARITA: A ver si usted la convence, doctor. Yo le digo que tiene que dejar de pensar en Pedro, porque la vida sigue, no es cierto?

  1. RICARDO: (Tratando de esquivar el asunto) Bueno, si… de algún modo.

MARGARITA: Pero claro, dígale que hay que ser feliz, que la vida es corta y hay que vivirla…

PEDRO: Corta va a ser la patada en el culo que le voy a meter a esta.

ENVIADA: Pedro… por favor!

PEDRO: Es más fuerte que yo…

MARGARITA: Además si se vive pensando en los seres queridos que ya no están, se sufre, y lo único que se gana es enfermarse una después.

  1. RICARDO: Bueno, no creo que sea tan así…

MARGARITA: Sí, doctor, es así como le digo, tanto escarbar en los muertos le trae problemas a la salud.

PEDRO: Esta está buscando que la lleve conmigo.

CELESTE: Tampoco es fácil para mí olvidar a Pedrito en quince días, Margarita.

MARGARITA: Yo no digo que lo olvides, gordi, pero la vida es otra cosa, no se vive de recuerdos.

PEDRO: (A la enviada) No la podemos llevar con nosotros a la yarará? (Mirando hacia arriba) Eh!, me aceptan si llevo un bicho?

ENVIADA: (Enojada) Pedro!

  1. RICARDO: Bueno, Celeste, me estoy yendo porque tengo un par de pacientes que me esperan.

CELESTE: Está bien, doctor. Le agradezco la visita.

  1. RICARDO: Faltaba más… este… ya que estoy por acá les recuerdo que no me han alcanzado el bonito. No hay apuro eh! Me lo llevan al consultorio en cualquier momento.

MARGARITA: Ay, doctor, discúlpenos! Qué barbaridad esta Elena! Es tan distraída que se olvida de las cosas importantes. Ah, pero eso sí, a los chicos que no les falte nada, la tarjetita para el celular, la remerita nueva, la platita para salir de joda… pero lo que realmente importa… menos mal que está la Margarita. En fín no se preocupe que mañana mismo yo me encargo personalmente de llevárselo.

  1. RICARDO: No hay problema. Bueno, Celeste, me alegro de verte bien. En cuanto ande por acá cerca me hago otra pasadita a visitarte.

CELESTE: Gracias doctor. Siempre tan amable. Lo espero cuando guste.

MARGARITA: (Saliendo) Lo acompaño, doctor… Ricky o Richard? Cómo le gusta más? Doctor Ricky o doctor Richard?

  1. RICARDO: Ricardo está bien.

MARGARITA: Doctor Ricardo. Sí, es verdad, suena mucho más interesante. Si, si, digamos que Ricky le queda mejor a Ricky Martin, por ejemplo, y Richard a un actor como Richard Gere, Mamita! Qué actor! Digo yo doctor? Si quiere podemos tomar un cafecito en mi departamento.

  1. RICARDO: De verdad, se lo agradezco.

MARGARITA: (Regresando apurada a Celeste) Gordi, terminá de acomodarte que en quince vuelvo. Si tardo un poquito más ya sabés, puede ser que se me haya bajado la presión y el doctor me esté atendiendo.

CELESTE: Nena, portate bien con el doctor Ricardo que es un caballero. (Salida de Margarita)

PEDRO: Que te dije… a la yarará cualquier traje le queda bien, mientras sea de vívora. Acordate que me la degenera a la cele.

APARECE ELENA DE INTERIORES

 

ELENA: Te habrás dado cuenta de quién es la vecinita! Ahora se lo quiere levantar al doctor. Mirá, no quise venir porque me iba a sacar de mi juicio.

CELESTE: Bueno, pobre, ella en cierta forma también está sola.

ELENA: Sola ésta? Querida! Todavía no la conocés? Tiene más acompañantes que velorio de político! Y vos tampoco estás sola, mi vida! Tenés a tus hijos y me tenés a mí. Y ya es hora de que te acuerdes de nosotros. Sobre todo de Vale. O ya te olvidaste que te va a dar un nieto?

CELESTE: Qué decís? Claro que me acuerdo. Mi primer nieto… todavía no lo puedo creer.

ELENA: Bueno, creelo, y dedicale un poquito de tiempo a tu hija, y a mí, que soy tu hermana y me he quedado acá para acompañarte el tiempo que sea necesario.

CELESTE: Lo sé y te lo agradezco. Sabés muy bien que te estoy muy agradecida por lo que hacés por mí y por los chicos. Pero también he pensado mucho en mí.

ELENA: Sí, se nota de lejos que has pensado demasiado en vos.

CELESTE: Por favor, Elena, no me hagas tan difíciles las cosas.

ELENA: Que yo te las hago difíciles? Perdón? Quién se ha ocupado de mis sobrinitos estos quince días? Quién los ha atendido y escuchado? Porque esos niños son jóvenes y hay que escucharlos.

CELESTE: Ya lo sé. Pero no sigas reprochándome todo. Me he pasado la vida atendiendo a mis hijos y a Pedro.

PEDRO: Sonamos, otra vez caí en la volteada.

ENVIADA: Si querés podemos irnos y no escuchas nada.

PEDRO: No, no, me interesa, me interesa.

CELESTE: (Que ha tomado el retrato de Pedro) He amado a este hombre más que a nadie en mi vida, Elena. Le he dado mi vida entera, mi corazón, sin mezquinarle absolutamente nada. Dieciocho años a su lado, regalándole cada instante de mi tiempo, y cada parte de mi cuerpo, sin haber pedido jamás, nada a cambio. Y él me dio dos hijos, hermosos, a quienes adoro con toda mi alma. Por quienes daría mi vida si fuese necesario, y lo sabés muy bien. Ellos son mi sol. Y sabés qué? Todos han vivido su vida a mi alrededor, y estoy muy feliz de que haya sido así, porque fue lo que siempre quise, que vivieran felices, tratando de complacerlos en todas y en cada una de sus necesidades. Soy feliz porque de lo que pude darles nunca les faltó nada, o tal vez sí, seguramente algo me he guardado, muy dentro mío.

PEDRO LA MIRA ASOMBRADO

ELENA: Te desconozco, Celeste.

CELESTE: Claro, me desconocés, porque siempre he sido la esposa sumisa que está a los piés de su marido para satisfacer todos sus placeres, a veces me he sentido la amante perfecta, siempre calladita sin protestar por nada.

PEDRO: (Evidentemente las palabras de Celeste lo han conmovido) Celeste, qué decís? Si para mi has sido la esposa ideal.

CELESTE: La esposa ideal! (Otra vez la coincidencia sorprende a Pedro) Siempre en casa, en la cocina y en la cama.

ELENA: Estás exagerando.

 

CELESTE: Sabés perfectamente que no exagero. A los pies de mis hijos para que nada les falte, aunque nunca les alcanza lo que les doy, siempre me reclaman un poco más.

PEDRO: (A la Enviada) Y tiene razón, pobre…

CELESTE: Elena, creo que he despertado. He llorado demasiado a Pedro, durante todos estos días. Por eso siento que no puedo seguir así. Por mi bien y por el bien de mis hijos. Encerrada en esta casa pareciera que envejecí mil años, y aunque ya no puedo volver el tiempo atrás, sí puedo comenzar, al menos, a vivir de otra manera. No te asustes, no voy a ser una loca suelta por la vida, soy grande y sé muy bien lo que hago.

ELENA: Claro, lo sé.

PEDRO: Eso espero, Celestita.

CELESTE: Pero, he decidido cambiar, vivir mi vida siendo feliz, porque será la única manera de darles felicidad a mis hijos. Por supuesto que nunca olvidaré a la persona que más amé en mi vida. Pedro fue lo más hermoso que pudo pasarme, y con él fui feliz. Pero… punto y aparte.

PEDRO: (Resignado) Y a otra cosa mariposa.

CELESTE: La vida sigue y yo no puedo morir con él.

ELENA: (Que se ha conmovido con las palabras de Celeste) Hermana, me has dado una lección. Y aunque jamás pensé oírte hablar así, me hace muy feliz verte tan convencida en tus decisiones. No sé si lo que harás está bien o está mal, creo que tampoco me importa, solo deseo verte bien. (Cambiando el tono) Por lo tanto, me cambio y me voy a cenar con ustedes.

CELESTE: En serio? Gracias. (Se abrazan y Elena sale a interiores)

PEDRO: Qué lindo es ver a la familia viva, digo… unida! (Celeste se dirige a dejar el retrato en su lugar. Pedro se acerca de atrás.) Qué lindo es verte alegre, Celeste.

MUSICA **(“Tema de Nadia”, Raúl Di Blasio)

CELESTE: (Besa la foto de Pedro y la aprieta contra su pecho) Has sido y serás por siempre el amor de mi vida. Jamás te olvidaré tesoro mío.

PEDRO: (Siempre de atrás, envuelve a Celeste con sus brazos, y ella responde al abrazo) Lo sé, Celeste. Y si una cosa nunca te dije, es que he pasado mi vida locamente enamorado de vos. A pesar de que pocas veces te lo he demostrado…, a pesar del comité…, a pesar de la fábrica…, a pesar de mis rabietas…, y a pesar de ser uno de esos hombres que olvidan decir: “te amo”, “te quiero”. A pesar de todos los pesares, te amaré más allá de la vida, Celeste.

CELESTE LENTAMENTE DESCUBRE EL ROSTRO DE PEDRO Y SE BESAN. AL INSTANTE APARECE MARGARITA QUE LA ENCUENTRA ABSOLUTAMENTE CONMOVIDA.

MARGARITA: Gordi!!! Estás lista? (Viéndola) Te pasa algo, mi vida?

PEDRO SE HA ALEJADO

CELESTE: No, no. Pensaba nada más.

ELENA: (Apareciendo de interiores, ya vestida para salir a cenar) Si, ya estamos listas.

MARGARITA: Cómo que “estamos”?

ELENA: Ah, sí, porque yo voy con ustedes.

CELESTE: (Saliendo de su situación y dejando el retrato en un mueble, boca abajo) Elena decidió acompañarnos, Margarita.

MARGARITA: Ay, me encanta gordis.

ELENA: (Molesta) Bueno, cortala con lo de “gordis”, che!

CELESTE: (Interrumpiendo la situación) Que les parece si vamos?

MARGARITA: Si, si, no perdamos más tiempo, vamos.

ELENA: La vida nos espera!

MARGARITA: Si, la vida nos espera! Y ojalá que algún hombre también. (Ríen las tres y salen)

PAUSA

PEDRO: (Viendo que ha quedado solo con la Enviada) Bueno, parece que todo ha terminado. Ya debe ser el momento de irnos.

ENVIADA: Aún no Pedro. Yo me iré, pero te esperaré cerca. Quizá algo le falte a tu despedida. Este es tu momento, aprovéchalo. No son muchas las almas que tienen esta oportunidad. Yo te esperaré. (Desaparece)

PEDRO HA QUEDADO UN TANTO SORPRENDIDO Y CONFUNDIDO, ESTÁTICO Y DE PIÉ EN EL LADO OPUESTO AL QUE SE ENCUENTRA SU RETRATO, EN ESE MOMENTO APARECE VALE, QUE APARENTEMENTE RECIEN SE DESPIERTA. SE SIENTA EN UN SILLON, MIRA A TODOS LADOS HASTA QUE DESCUBRE QUE LA FOTO DE SU PADRE ESTA BOCA ABAJO. LENTAMENTE SE INCORPORA Y ACOMODA EL RETRATO. EN ESE MOMENTO COMIENZA A ESCUCHARSE EL TEMA (**) “DONDE CAEN LOS SUEÑOS”. VALE VOLTEA Y VE A PEDRO, SE ACERCA Y LO ABRAZA, PEDRO TAMBIEN LO HACE SIN NINGUNA SORPRESA. EL LA TOMA DE LA CINTURA, SE ARRODILLA Y BESA EL VIENTRE DE SU HIJA. LUEGO SE INCORPORA Y SE VA LENTAMENTE.

VALENTINA SE SIENTE ALEGRE, TOMA EL RETRATO DE PEDRO, SUENA EL TEMA DE CALLEJEROS (**) “SERIA UNA PENA”, BAILA, ESTA FELIZ, VUELVE AL SILLON, SE RECUESTA, ABRAZA AL RETRATO, Y SE DUERME CON EL FINAL DE LA MUSICA.

APAGON FINAL

 

** música utilizada en el estreno. Opcional

Este texto está registrado en ARGENTORES, por lo que se recomienda solicitar el debido permiso para su puesta en escena.

Guillermo Gallego

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Publicado por: Guillermo Gallego

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