Obras de Teatro Cómicas

Sinforoso el celoso

DE: DENIS VENTO

Teresa   Esposa de sinforoso

Prima      Prima de Teresa, que también se llama Teresa.

Sinforoso Esposo de Teresa

Ruperta    La mucama

Jorge       El novio de la prima de Teresa

Florista      Entregara un ramo de flores

Al levantar el telón se encuentra la mucama Ruperta limpiando los muebles de la sala, ingresa Teresa.

Teresa. – Ruperta, ya salió el Señor Sinforoso.

Ruperta. – Todavía Sra.

Teresa. –  Tienes que estar atenta porque en cualquier momento llega mi prima Teresa, no quiero que mi marido la vea, al menos no por ahora.

Ruperta. – Y que hago si llega

Teresa. –  De llegar mi prima y todavía está el señor, la llevas a tu cuarto hasta que mi marido se vaya.

Ruperta. – El escondite

Teresa. – ¿Escondite?

Ruperta. – Claro pues señora, siempre que quiere ocultar algo al señor todo va a mi cuarto

Teresa. – Tú sabes que es celoso, de todo piensa mal

Ruperta. – Si señora, yo solo decía. (Sale)

Teresa se pasea preocupada, mira su reloj varias veces, ingresa Sinforoso, se detiene unos segundos a observarla.

Sinforoso. – ¡Teresa!

Teresa. – ¡Sinforoso!  Que susto me has dado

Sinforoso. – ¡Ah! Te he asustado, que tanto miras tu reloj, a quien esperas, quien va a venir, 

Teresa. – Ya empiezas con tus celos absurdos

Sinforoso. – Celos absurdos, porque te pones nerviosa , dime a quien esperas , quieres aprovechar mi salida para recibir visitas

Teresa. – Quien no va a estar nerviosa con todo lo que ocurre en el país,

Sinforoso. – No cambies el tema, los celos me están matando, si tienes un amante dímelo

Teresa. – Sinforoso no tengo ninguno amante, si quieres para darte el gusto me consigo uno.

Sinforoso. – Seria lo mejor…, no, no, como me puedes decir eso Teresa, me hieres con tus palabras.

Teresa. – ¡Ah! Yo te hiero con mis palabras, (Mueve la cabeza de un lado al otro) sí que eres ocurrente.

Sinforoso. – No es ningún chiste lo que digo.

Teresa. –  Sabes ya estoy cansada de tus celos injustificados

Sinforoso. – Y yo de no poderlos justificar

Teresa. – Porque me tratas así Sinforoso, porque me torturas (simula que llora)

Sinforoso. – Si, si, si tienes razón amor de vida, perdóname Teresa, es que a veces no pienso y actuó tontamente

                      (Mira su reloj) será mejor que me vaya tengo una cita con unos clientes.

Teresa. –  Si, mejor que te vayas rápido, la hora vuela y se te puede hacer muy tarde 

Sinforoso. – Cuanto interés en que me vaya rápido

Teresa. –  Sinforoso, otra vez

Sinforoso. –  No, no, ya no se ni lo que digo, me voy, ya regreso (Sale)

Teresa. – Sinforoso, Sinforoso porque serás tan celoso.

Ingresa su prima Teresa

Prima. – Primita como estas

Teresa. – Hola Teresa, estaba preocupada porque no llegabas.

Prima. – Disculpa, la demora es por el tráfico horrible que hay en la ciudad.

Teresa. –  A ver cuéntame con detalle todo tu problema.

Prima. – ¿Esta tu marido?

Teresa. – No, ha salido

Prima. –  Mejor, como conoce a mis padres, nos escucha y seguro va corriendo a contarles todo antes de que yo hable con ellos.

Teresa. – Tienes razón, es medio chismoso, habla nomas con confianza.

Prima. –  Sabes que me fui a EEUU a estudiar en la universidad de Oxford.

Teresa. – Si, si claro que lo sé.

Prima. –  bien, ahí conocí a Jorge.

Teresa. –  Tu compañero de clases.

Prima. –  No, él es catedrático de la universidad, me ensañaba, lenguas extranjeras

Teresa. – Otra historia de amor del profesor y la alumna.

Prima. –  Algo así, bueno, el me ayudo en mis trabajos de la universidad, me gustaba su paciencia que tenia para enseñarme, su forma de tratarme y así poco a poco nos enamoramos.

Teresa. –  Tenia buena lengua ese profesor.

Prima. – Prima por favor, después de varios meses de enamoramiento no sé cómo salí en embarazada.

Teresa. – ¿No sabes cómo? Mira primita un bebe no lo trae la cigüeña, tiene que ser entre dos.

Prima. – No pues, me refiero a que no estuvo planificado que sea tan pronto.

Teresa. –  Ya veo, ahora no quiere reconocerlo.

Prima. – No, no es eso, todo lo contrario, él es un padre amoroso.

Teresa. – ¿Y dónde esta? ¿Ha venido contigo?

Prima. – No, Yo he venido con mi hija, él se ha quedado pues terminado el ciclo de estudios como es Catedrático tiene que entregar informes.

Teresa. – ¿Cuándo piensa venir?

 Prima. – Ya debe estar en camino, lo planificado es que llegue hoy día.

Teresa. – Parece que todo está en orden. ¿cómo puedo ayudarte?

Prima. –  La decisión que tomamos de venir ha sido para hablar con mis padres, tener su consentimiento y casarnos acá por iglesia.

Teresa. – Es lo mejor que hacen primita, los apoyo en todo.

Prima. – Gracias Primita, pero sabes cómo es mi papa, con sus ideas antiguas tengo miedo de que no acepte nuestra relación, lo primero que va a pensar es que he abandonado los estudios por estar en amoríos.

Teresa. – ¿No has dejado de estudiar? ¿Verdad?

Prima. – No, para nada, me falta solo un año para terminar

Teresa. – Entonces, ¿Quieres que hable con tu papa?

Prima. – No, primero yo iré hablar con ellos para ir ablandándolos y cuando llegue con Jorge todo sea más fácil y puedan darnos su consentimiento.

Teresa. – Todavía no me dices como puedo ayudarte

Prima. – Jorge llega hoy día, del Aeropuerto va al hotel donde estoy hospedada, por favor puedes ir y traerlo a tu casa, como no conoce el país puede perderse, de tal manera que todos nos reunamos aquí para ir a casa de mis padres, yo tengo que hacer unos tramites urgentes en la embajada, por eso no lo puede traer a tu casa.

Teresa. –  Esta bien, iré a verlo.

Prima. – Por favor que no se entere tu esposo.

Teresa. –  Por supuesto, el no debe saber nada, sino me hace unas escenas, algo se me ocurrirá para poder traer a Jorge sin que sospeche nada Sinforoso.

Prima. – Es celoso

Teresa. – Celoso, es poco, recontra celoso.

Prima. – Primita disculpa si te doy algún contratiempo.

Teresa. – No te preocupes hace su berrinche, pero al rato le pasa, ya estoy acostumbrada a sus pataletas. ¿Y la bebe con quien esta?

Prima. – Con la señora que me recomendaste, la llame y la esta cuidando, mas rato la trae para acá. Bueno me voy   SALE

INGRESA SINFOROSO

Sinforoso. – Hola amor de mi vida, me parece a ver visto salir a tu prima.

Teresa. –   Si era ella.

Sinforoso. –  Y a que ha venido

Teresa. –  Eres curioso

Sinforoso. – Bueno en este caso si soy curioso porque tengo un motivo

Teresa. – Y cual es el motivo para tu curiosidad

Sinforoso. –  Conversando con el padre de Teresa, me dijo que llegaba la próxima semana de los EEUU, pero no es así.

Teresa. – Y qué?

Sinforoso. –  Que si le ha mentido a su padre es porque alguna razón tiene no crees

Teresa. –  No lo sé, tendrás que preguntárselo a ella

Sinforoso. – Pero te lo pregunto a ti

Teresa. –  Y yo no te voy a decir nada por chismoso

Sinforoso. – ¡Teresa!

Teresa. – ¡Sinforoso!

Sinforoso. – No quiero amargarme

Teresa. – Haces muy bien te puede afectar al hígado

Sinforoso. – Bueno, bueno, me vas a decir o no a que vino tu prima.

Teresa. – Si me lo pides así, tan dulcemente (Sarcástica).

Sinforoso. – Por favor amorcito puedes decirme el motivo de la visita de tu prima.

 Teresa. – Ves que fácil es, bien te diré a que vino, quiere que le compre unos vestidos pues no ha traído mucha ropa y como piensa quedarse un buen tiempo las necesita, por lo que voy a salir para hacer las compras

Sinforoso. – Ah! Vestidos

Teresa. –  Si vestidos, eso que usamos las mujeres (Se pone su saco para salir)

Sinforoso. – Vas a salir

Teresa. –  Que cargoso, no te acabo de decir que voy a hacer compras para mi prima.

Sinforoso. –  Si, si ya recuerdo, vamos te acompaño a comprar tus vestidos

Teresa. – Pero yo no me voy a comprar vestidos

Sinforoso. – Que bien

Teresa. – Ni bien, ni mal, yo quiero ir sola y punto.

Sinforoso. – Tendrás motivos para ir sola.

Teresa. –  A si es

Sinforoso. – Y se puede saber qué motivos tienes

Teresa. – No!

Sinforoso. – Teresa por favor!

Teresa. – No me amargues, ya te he dicho mil veces que no quiero que sospeches de mí, no me gusta que me espíes, se lo que hago, y punto, me voy (Sale)

Sinforoso. – La verdad nunca me da motivos por tanto no tengo razón a quejarme, se que por cualquier cosa sospecho que me pueda estar engañando, pero no es así, tengo que cambiar de forma de pensar, tengo que cambiar, tengo que cambiar.

Florista. – (Entra un florista con una canasta de flores que tiene una tarjeta y una misiva) Buenas, la señora Teresa

Sinforoso. – Me ha visto con cara de mujer!

Florista. – No señor, me refiero si aquí vive la Sra. Teresa

Sinforoso. – Si aquí vive, que desea

Florista. – Pues que tengo que entregarle este ramo flores en propias manos de la Sra.

Sinforoso. – ¿Qué cosa?  ¿Y Quién lo envía?

Florista. – No le puedo decir señor, es secreto profesional de la florería, yo tengo que entregar el Pte. a la misma Sra. Teresa

Sinforoso. – Bueno, démelas que yo se la entrego.

Florista. – Ud. No es la Sra., además Ud. mismo dijo que no tiene cara de mujer

Sinforoso. – Démelas, porque no respondo de lo que pueda pasar, si no lo hace.

Florista. –  Oiga, pero no se amarge, al menos deme algo por la entrega.

Sinforoso. – Le da unas monedas (Intenta coger el ramo de flores)

Florista. – Solo esto, no me alcanza ni para una gaseosa

Sinforoso. – (Saca un billete y le quita las monedas) Ya, ya tenga, y lárguese de una vez

Florista. –  Ahora si la cosa cambia, (le entrega el ramo de flores y sale de escena) Buen día

Sinforoso. – Quien le enviara estas flores, (lee la tarjeta) “Para la única mujer de mi vida. Te amo con locura.  Jorge. ¡Jorge! quién diablos será ese Jorge, la tarjeta trae una nota. (Abre la nota y lee) “Mi dulce y linda Teresa, te envió este ramo pues quería sorprenderte con mi llegada anticipada, esperando ansioso vernos en el lugar convenido” con razón no quería que la acompañe a comprar ropa, si pudiera saber cual ese punto de reunión , los mataría a los dos, esta es una prueba de su traición, sigo leyendo, el hombre al que debes respeto por los vínculos que te unen es de esperar que se deje vencer, nos perdone nuestro amor, y nos permita ser felices. ¡Dios Mio!  Esto es horrible, quiere que yo me ablande los perdone y bendiga su amorío. “Si nuestros deseos fallan, no hay mas remedio que seguir nuestro plan B y quitar de en medio el obstáculo que impide que seamos felices”, esto esta más claro que el agua, quieren matarme, la única forma de quitarme de en medio, seguro contrataran un sicario o me envenenan o me ahorcaran o me asfixiaran, tengo que hacer algo, tengo que hacer algo. (Sale)

Ingresa Teresa con Jorge

Teresa. – (Mira alrededor al no ver a nadie) No esta Sinforoso, mejor no quiero más escenas de celos. Ruperta, Ruperta

Ruperta. – Si señora, ¡Oh, un hombre!

Teresa. – El señor está en la casa

Ruperta. – (Mira a ambos) Señora por favor no me comprometa en sus cosas.

Teresa. – Cállate Ruperta y no hables tonterías, dime está o no esta

Ruperta. – El señor está en su habitación

Jorge. –  Me gustaría conocerlo. (Ruperta hace un gesto de asombro)

Teresa. – Te aseguro que no es el momento. (Aparte) Ahora donde lo escondo…Ruperta llévalo a tu cuarto.

Ruperta. – A quien

Teresa. – A Jorge (Señalándolo)

Ruperta. – Señora yo tengo novio

Teresa. – Y que tiene que ver

Ruperta. – Si se entera que hay un hombre en mi cuarto me mata.

Teresa, – No seas tonta Ruperta, él es esposo de mi prima Teresa, escóndelo unos minutos hasta que ella llegue, si lo ve Sinforoso me a ver a ser lio.

Ruperta. -¡Ah! Si es así no hay problema. Venga por aquí señor, cuidado con sobrepasarse

Jorge. – ¿Qué dices?

Teresa. – No le hagas caso es media chiflada, anda con ella por favor hasta que venga tu esposa.

(Salen Ruperta y Jorge, Ingresa Sinforoso)

Sinforoso. – Ya llegaste

Teresa. – Parece que si

Sinforoso. – No te hagas la chistosa, Uff, Uff, Uff, aquí huele perfume de hombre

Teresa. – Sera el tuyo

Sinforoso. – No, te he dicho que huele a perfume de hombre, hay un hombre en esta casa

Teresa. – Tú no eres hombre

Sinforoso. – No…, digo Si, a lo que me refiero que es un olor de perfume de otro hombre no al mío.

Teresa. – Tu y tus celos, el único hombre que hay aquí eres tú, entonces debe ser tu olor.

Sinforoso. – Ya descubriré, ya descubriré tu mentira, sabes que a mí no se me escapa nada.

Teresa. –  Ahora te has vuelto el agente 86

Sinforoso. – Pero de esta no te salvas, (trae el ramo de rosas) y se lo entrega.

Teresa. – Que hermoso ramo, gracias Sinforoso, lindo detalle

Sinforoso. -No te hagas la tonta, yo no te lo he enviado

Teresa. – (Lee la tarjeta) oh de Jorge

Sinforoso. –  Vas a negar que conoces a Jorge

Teresa. – No voy a negarlo, si lo conozco

Sinforoso. – Y la carta, va dirigida a ti.

Teresa. – Parece

Sinforoso. – No parece, es para ti.

Teresa. – (lee la carta y un aparte) Pero todavía no puedo decirle la verdad

Sinforoso. – Una pregunta más, cuando me dijiste que ibas a comprar ropa para tu prima era solo una excusa, verdad

Teresa. – Si tienes razón, solo una excusa

Sinforoso. – Fuiste a encontrarte con Jorge

Teresa. – Si, pero no es lo que piensa.

Sinforoso. – Cállate, debería matarte, pero no tengo el valor, que la Justicia divina te juzgue

No me digas nada, porque en este momento estoy lleno de rabia y de cólera (Se dirige hacia el interior de la casa)

Teresa. – Que ira hacer, se matara, no, no tiene valor para eso, mejor le digo la verdad (Cuando se disponía a seguirlo sale Sinforoso con una maleta)

Sinforoso. – Viva Ud. feliz con su Jorge

Teresa. – Que haces me abandonas. Algún día te arrepentirás (Llorando)

Sinforoso. – (Aparte) Que no llore porque me ablando. (A Teresa) La decisión está tomada

Teresa. – Quisiera, pero no puedo decirte la verdad

Sinforoso. – No sé de qué verdad hablas, todo está muy claro, las pruebas hablan

Teresa. – Si así lo quieres, no confías en mí, pronto regresaras a mis pies

Sinforoso. – Yo?

Teresa. – Y hasta te harás amigo de Jorge

Sinforoso. – Yo? Ja,ja,ja, Amigo de tu amante, estas loca mujer.  

(Cuando está por salir ingresa Jorge)

Jorge. – Teresa será mejor que…

Sinforoso. – ¡Que cosa! En mis narices y en mi propia casa con él.

Jorge. – Teresa, es tu marido

Teresa. – Si, es Sinforoso mi marido.

Sinforoso. – Su marido hasta que cruce la puerta, después su ex marido

Jorge. – Mucho gusto amigo mío

Sinforoso. – ¡Amigo! ¡Esto es el colmo! Uds. sí que no tienen vergüenza.

Jorge. – Pero que pasa Teresa, no entiendo

Teresa. – Por favor Sinforoso déjame explicarte

Sinforoso. – No hay nada que explicar, las pruebas son evidentes o también lo vas a negar.

Mejor no digas nada, no voy a ser un drama.

Teresa. – Te vas a arrepentir después de todas tus palabras

Sinforoso. – Páselan bien, Te deseo lo mejor, adiós para siempre (Cuando esta saliendo ingresa la prima Teresa)

Prima. – Prima querida, mis padres nos han perdona a mi como a mi marido Jorge y a mi hijo.

Teresa. – Es una excelente noticia

Sinforoso. – ¿Qué dices?

Prima. – (A Sinforoso) Ahora si puedo contarle mi secreto primo mío.

Sinforoso. – Tu también estas en secretitos con mi mujer

Teresa. –  Por favor Sinforoso déjala que aclare las cosas.

Prima. – Le pedí a mi prima Teresa que mantuviera en secreto mi matrimonio civil con Jorge, hasta que pueda hablar con mis padres, quienes al ver a mi hijo quedaron encantados de su nieto, y han bendecido nuestra unión, y acá nos casaremos por Iglesia.

Sinforoso. – ¿Entonces las flores?

 Prima. -Las flores que recibió eran para mí.

Jorge. – Como adelante mi viaje al llegar al hotel no encontré a Teresa, le envié un ramo de flores para sorprenderle de mi llegada como pensaba que estaba en casa de su prima, las envía para acá.

Prima. – A Uds. Discúlpenos por todos los inconvenientes que le hayamos hecho pasar y les damos las gracias por su ayuda.

Teresa. – Me alegra que tengan un final feliz.

Prima. –  Vamos Jorge, mis padres están ansiosos por conocerte.  Salen

Sinforoso. –(Conforme escuchaba el relato de la prima Teresa, se quedaba asombrado y desconcertado. Se arrodilla a los pies de su esposa) Teresa, Amor de vida, Te pido desde el fondo de mi corazón que me perdones.

Teresa. – No se si deba perdonarte, tanto sufrimiento, tantos celos infundados.

Sinforoso. – Tienes toda la razón mi amada Teresa, la decisión que tomes la aceptare, si no perdonas, te comprendo, me iré a vivir solo a una isla hasta fin de mis días.

Teresa. – ¡Que sufrido eres! Dime ya no te acosara sospecha alguna

 Sinforoso. – Ninguna, mis celos extremos me llevan a actuar estúpidamente, pero te prometo que voy a cambiar.

Teresa. – Si es así Sinforoso y ya no vas a ser más celoso, te perdono.

Sinforoso. – Gracias mi amor, ya aprendí la lección, te prometo que nunca más. (Se levanta y abraza a su esposa).

FIN

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