Último deseo

Publicado por: Un Fan del Blog

Historia enviada por Osiris Vanhart (lector del blog) desde Venezuela que se puede adaptar para una obra de teatro.

-Por siempre-

-Repítelo-

-Te prometo que siempre buscaré ser feliz. Esta promesa es para siempre-

-Bésame-

 

Dos felices jóvenes amantes se unieron en un eterno beso de un segundo de duración. Se abrazaron tan fuerte como si fuera la última vez. Ella tan llena de vida, él tan lleno de felicidad. Ambos calcularon sus vidas juntos, pero la suma de la ecuación arrojó un resultado negativo. Luego de unos meses y tras largos unos años de relación, su unión se quebró en miles de pedazos.

***

50 años después.

Un hombre bastante mayor, vestido con una camisas de a cuadro negra con verde y un pantalón color arena caminaba lentamente sin rumbo fijo por la acera derecha de una avenida central de Caracas.

Con la garganta extremadamente seca y con unas enorme ganas de beberse un café expresó decidió por parar en una antigua cafetería que conocía llamada, chocolate con cariño. Una vez ahí, ordenó un agua y un café doble.

Mientras bebía el primer trago del negro café, sintió un olor a trayente de melocotones y loción del cuerpo.  Miró a sus lados por un segundo recordando a quien era el dueño de ese aroma . Su cara se transformó de la nada al recordar a quien pertenecía. Creyó que era mentira, que su cerebro le estaba jugando una mala pasada. ¿Cómo era posible que luego de tanto tiempo aún recordará aquel olor?

-Buenas tardes- Escuchó que alguien le decía a sus espaldas.  – ¿puedo? mientras señalaba un banquillo libre al frente de él.

Los ojos del señor Osiris Méndez se abrieron como platos, al ver a quine tenia al frente.  Era una mujer de avanzada edad vestida con un conjunto color pastel. Pensó en que no había cambiado en casi nada, su piel si estaba más arrugada, pero no perdí aquellos felices ojos color chocolate. Su sonrisa seguía igual de hermosa que siempre y nada que decir que aquellos cabellos dorados a la altura de sus hombros.

-Tomaré tu silencio por un sí, mi ñiñi-

El hombre dejo caer el café en la mesa. No era una ilusión. La tenía al frente de sus ojos. Era ella.

Un joven moreno se acercó velozmente a la mesa con un pañuelo en mano para limpiar el desastre -¿Señor está bien, quieres que le traiga más café?- preguntó

-Sí, sí, treme dos, por favor-

El joven aún más asombrado, preguntó ¿dos señor?, a lo que Méndez le dijo, si uno para mí y uno para la señorita, ¿o es que no la ves? .

El joven  mesero se dio la espalda y pensó, vaya viejo loco.

-¿Cómo me encontraste?- preguntó él sin dejar pasar mucho tiempo

-Te vi caminar de lejos y supe que eres tú. Luego de tantos años te sigues moviendo igual-

Esto último le sacó una leve sonrisa al señor Osiris que aún no salía de su asombro. Señalando la taza de café con leche que había traído el mozo le dijo, -bebé, sé que detestas beber esa horrorosa bebida fría-

Agata Frías, ese era el nombre de la señora de rostro feliz y amable, llevó  la tasa de café a sus delgados  labios color rosa, aspiró profundamente el delicado aroma de la bebida  antes de probarlo y bebió lentamente para sentir la mayor cantidad posible de sabor en su boca, en su rostro se dibujó el placer de ingerir aquel brebaje. Se le erizó hasta los vellos del brazo. Con los dedos de la mano izquierda alisó sus cabellos y los llevó un lado.

Aquel gesto enloqueció a Méndez que no perdía aquella mirada de sorprendido aún. Para aliviar un poco la atención se rascó la barba de tres días que tenia.  Levanto la mano para llamar  al mesero.  El mozo se acerco cara de disgustos, a lo que Osiris velozmente le dijo –Hijo traigan una torta de pan y una marquesa-

Con las cejas levantadas el mozo miró a Don Osiris, pero mientras más pedía más subía la propina y no le importó . Se marcho con paso decidió  y pidió la orden.

-Espero que aún comas marquesa, aunque a tu edad hasta un abrazó puede subirte la azúcar-

-Osiris, tenemos la misma edad-

-Por un año soy menor-

-Aún no pierdes el humor. ¿Cómo han ido las cosas en tu vida?, he leído constante mente tus columnas y tu sección de “Venezuela Nacional” en el periódico, es sorprendente lo mucho que cambiaste-

-Desde hace años que no escribo columnas. “Venezuela nacional” se torno un proyecto personal. Pero del resto todo bien. Tú has sabido de mí, pero yo no he sabido de ti-

-Me fui del país, luego de la muerte de mi padre. Lo recuerdas cierto. Viví en España, en Barcelona, luego me radique en  Madrid por un largo tiempo- La señora Agata, bajó el rostro por un momento y cerrando los ojos digo – Siento que te debo una disculpa, por todo lo que hice sin conciencia. Los errores, los malos momentos, tú igual conmigo, tú más que nadie debe entenderlo. Eras algo más que mi pareja, fuiste mi acompañante, mi mejor amigo, si sombra, por un momento fuiste mi todo y en ese momento fue verdad, era mi verdad, nuestra verdad, nuestros momentos, si no hubieras hecho la mitad de las cosas que hiciste, te aseguro que no hubiera hecho yo las mias, Or. –

-El pasado quedo atrás, no te preocupes, ya paso. Es mejor olvidarlo, de nada sirve hablar de él, porque no volveremos a ese época. Aprendí a dejar ir lo toxico de mí, es algo que tú deberéis hacer una vez por toda.- le respondió Méndez mientras bebía café e intentaba disimular un profundo dolor que le arropaba el alma y el corazón, detestaba hablar del pasado y más con ella, porque ella era su pasado, para que la situación no se tornará aún más incómoda, le preguntó pero con marcado tono de desinterés ¿Por qué regresaste al país?-

La señora Agata le miró detenidamente a los ojos, y no le respondió, parecía más que obvio el motivo por el cual ella había vuelto; por él, y aunque no fuera cierto, eso fue lo que creyeron ambos en ese momento y no importó más nada.

La conversación comenzaba a adquirir un tono más serio, no era una simple reunión de viejos conocidos . Los postres llegaron a la mesa y con ella la cuenta. Cosa que no le agrado en nada al anciano que bebía lentamente el café y miraba de forma contunde a aquel grosero joven que no entendí lo que estaba sucediendo en ese preciso momento.

-Al parecer los jóvenes de ahora no son ni la mitad de lo que eran antes-

Entre temas, sonrisas, miradas picaras, secretos ocultos, y muchos más detalles, la conversación avanzaba, más allá de cómo la gente mirará sorprendida a los dos.

De una mes cerca de él una pareja de adultos estaba almorzando y el esposa le digo a su mujer- cuando llegue a ese edad, no quiero ser así-, a lo que su joven mujer le respondió tajantemente respeta.

De regreso a la mesa la tertulia seguía fluyendo y la mujer de tez blanca le dijo a Osiris -Déjame recordar-

-¿Para qué? Eso pasó hace tanto tiempo atrás, éramos muy jóvenes. Llegue a la conclusión de que mientras cumplieras la promesa que me hiciste todo estaría bien.

-Pues sí. No he dejado de sonreír durante todo este tiempo, he sido muy feliz, mis hijos e hijas me han dado hermosos recuerdos y hermosas nietas. Tuve un gran esposo y hombre a mi lado. Pero qué hay de ti, te casaste, tuviste hijas o hijos-

Osiris realmente noto el tono de gran curiosidad que tenía su novia de la universidad. Se preguntó a qué venía todo esto. Nunca se habían buscado y luego de 50 años de la nada aparecía.

-Pues sí tuve una hermosa hija llamada Isis, con una hermosa italiana judía de la  burguesía adeca de Caracas, pero nunca me casé con ella. No éramos ni el uno para el otro. Mi vida fue realmente dedicada a las letras.- De un momento se refirió al esposa de la señora Agata diciendo -Todo un adicto igual que yo, pero yo era adicto a la bebida y él  era adicto a ti- Dijo un entre molesto y celoso mientras elevaba la mano para pedir un poco de agua.

El mesero desde adentro observaba muy confundido se preguntaba que qué quería ahora aquel raro señor. ¿Pastillas?, ¿un trago? No paraba de desear que se marchara rápidamente, le comenzaba a dar miedo.

-Esteban, ve y atiende el señor. No me gusta tu comportamiento- Bramó un hombre gordo detrás de la caja registradora. Era su jefe.

-Aún vive la felina peli roja que rescatamos, cómo es qué era su nombre –

– Jocabed, ese era su nombre. Paso a una mejor vida hace algunos años atrás. Dejo dos hijitos Moi y Jac, dos gatos que fueron donados a mis nietos.

 

Agata extendió su mano derecha y la pasó por el rostro lleno de arugas de Osiris. Él cerró los ojos y sintió sus dedos y la brisa correr por él Un adulto que bebía una cerveza al lado de su mesa miró extrañado la expresión del señor.

-Hubiéramos sido tan felices. Te amaba tanto… te a…-

-Yo también y no Or, no lo hubiéramos sido. A esa edad no, no te sigas culpando por los errores, sé más que nadie que en tus hombros descansa la pena por la ruptura de nuestra relación. Deja caer las piedras-

Dos chicos que caminaban agarrados de la mano pasaron precisamente en ese momento, cuando la pareja de ancianos charlaban cada vez más amorosamente y los miraron de una rara manera. Osiris abrió los ojos se percató y miró fijamente a Agata le digo –Es que tenemos monos en la cara-, Agata un poco apenada sonrió levemente y le comentó–tú, yo no-

-Esta es la conversación más larga que hemos tenido en décadas, amor-

-La juventud es efímera. Es volátil. Si tuviera la oportunidad de cambiar todos mis premios, por cinco minutos más de juventud a tu lado lo haría. Al final no nos queda nada. Las metas se vuelven metas.

El señor Osiris extendió su mano derecha para agarrar la palma de la mano izquierda de ella, la miró con aquella penetrante mirada de amor y le dijo

-Cometimos tantos errores. No tuvimos la oportunidad ni para pedirnos disculpa. Las disculpas llegaron solas, con el tiempo y con él, el perdón.

Los ojos de ella se llenaron de pesadas gotas de dolor.  No contuvo el llanto. ¿Por qué me dices eso ahora? Le pregunta con dolor, y él reflexionando le contestó, porque antes no tuve la oportunidad de verte.  Mientras el reprimía una enorme ganas de llorar, la miró y le dijo –Sigues tan bella como siempre, realmente eres hermosa, la mujer más hermosa que he visto en mi vida. Demos unos pasos juntos-

Osiris se levantó de la mesa, fue a la caja y canceló las bebidas y los postres. Le dio propina al joven mozo, este no recibió el dinero de muy buena manera, se sintió mal por las conclusiones que había hecho y le observó con una mirada de disculpa, Osiris no quiso percatarse, una rara alegría se había apoderado de é, se sentía joven otra vez, se sentía poderoso. Ella le había dado la misma confianza de cuando tenían 19 años. Al regresar encontró a la señora sonriendo.

Ambos se pusieron de pie y caminaron juntos por las calles del centro de Caracas. En una esquina cerca de en lo que su momento fue el centro comercial “Metro Center” le dijo, recuerdo como si fuera ayer la primera vez que te vi ahí –Señaló una esquina en donde estaba ahora una expendedora de cigarros- Estabas tan hermoso, el sol te bañaba en todo su esplendor, pensé que eras un ángel. Hace tantos años atrás.

Agata se quedó callada recordado el momento. Era verdad, eso había sucedido hace tanto tiempo, parecía que hubiera sido en otra vida, en otros años, que eran otros.

Sin que se diera cuenta la señora, Osiris deslizó su mano, hasta abajo para entrelazarla con la de ella. Palpo aquella suavidad. Sus manos se unieron y se hicieron una sola.

-Nos rendimos, nos dejamos ganar, era muy diferente- Le dijo Agata mientras recordaba cómo era estar con él.

-Podría ser feliz para siempre, si este momento fuera eterno- Le dijo Osiris llevando la mano de ella a su pecho. En ese instante un joven que estaba cerca viendo aquella escena subió las cejas y se preguntó qué demonios estaba sucediendo.

Continuaron pasando las horas. Siguieron caminando. Por una extraña razón, dieron en una heladería en donde había una exuberante cola para comprar.

El señor muy entusiasmado le dijo –lo bueno de tener esta edad es que no tenemos que hacer cola- Se adelantó entre todos y llegó a la caja, pidió dos helados Uno de napolitano con pizcas de maní y guanábana para ella y para él ron con pasas y chocolate. Canceló y salió, afuera el sol en todo su esplendor iluminaba el camino y ella lo esperaba con una gran sonrisa que dejaba al descubierto una hermosa dentadura postiza color blanca, él pensó, que hermosa.

Ambos se sentaron cerca en donde estaba la casa del Padre de la patria, Simón Bolívar y comieron el helado.

Osiris no pudo contener unas enormes ganas y se acercó para robarle un beso, ella se dejó felizmente robar y unieron sus labios como si fueran dos partes de una sola cosa. Se besaron eternamente por un segundo nuevamente. Sus memorias revivieron. Centenares de recuerdos llegaron como torpedos a sus ojos.

Ambos abrieron los ojos y se observaron, rieron de alegría y felicidad, no comentaron nada del beso y continuaron comidiendo.  Continuaron hablando de ellos, de sus 50 años alejados, y pasó la tarde en un abrir y cerrar de ojos.

Cuando el sol se comenzaba a poner, Agata se levantó y le dijo muy triste, me tengo que marchar, ya es hora de que me vaya, Osiris notó algo raro y le dijo, puedo acompañarte hasta donde vayas, ella con lagrimas en los ojos le dijo no, quédate aquí, nos veremos pronto.

-No te vayas otra vez, no sé si pueda esperar 50 años otra vez por ti- Le dijo Osiris mientras Agata le daba la espalda.

-Lo siento ñiñi-

Agata se alejó de él y se perdió en una esquina, Osiris lamentó dejarla ir y se pasó de pie como pudo, sus rodillas le dolían por haber caminado tanto y un dolor atormentador en la espalda lo fatigaba. Camino tan rápido como pudo y llegó a la esquina en donde había doblado Agata, pero al estar ahí no había nadie, era como si la tierra se la hubiera tragado. Caminó un rato para ver si la podía encontrar, con lagrimas en los ojos sintió su corazón explotar. En un momento apareció un taxi, lo detuvo y le dio la dirección de su casa.

-Lo más rápido que pueda amigo- Le dijo al taxista entre triste y feliz. Había sido el día más feliz de su vida.

***

En ese preciso momento, al otro lado del charco, en una clínica Santa Rosa de Lima, en Madrid España, la señora Agata Frías fallecía a sus 89 años producto de un paro respiratorio.  Su último deseo fue visitar a su eterno amor.

 

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